Introducción

Nos ense√Īaron sobre historia en la escuela, y esta parec√≠a imposible de cambiar, nadie puede cambiar el pasado. Sin embargo, la ciencia nos ayuda a entenderla de otra manera. La historia no es una ‚Äúciencia dura‚ÄĚ. Etimol√≥gicamente, significa ‚Äúinvestigaci√≥n‚ÄĚ y, como todas las disciplinas literarias, tiene sus propias corrientes y tendencias internas, las cuales a veces chocan.  

En el siglo XX, la ‚ÄúEscuela francesa de los Annales‚ÄĚ decidi√≥ ocuparse de la historia de los seres humanos y anteponerla a la de las naciones, las batallas o las genealog√≠as de la realeza. El resultado fue una ense√Īanza universitaria muy diferente, pero, lamentablemente, nuestros libros de texto apenas se inspiraron en ella. La elecci√≥n de su contenido parece basarse sobre todo en objetivos pol√≠ticos; la ense√Īanza de la historia reciente var√≠a de un pa√≠s a otro y siempre pretende glorificar a una naci√≥n unida y orgullosa de su pasado.

Para un ni√Īo que haya ido a la escuela en Francia, la Antig√ľedad y el Imperio Romano se resumen en una sucesi√≥n de batallas y luchas entre algunos monarcas. Nunca se le ense√Īa la vida de los chinos, los eslavos o los africanos en esa √©poca. El Neol√≠tico se concentra en el Creciente F√©rtil y los pueblos del Indo o de Mesoam√©rica no existen. En cuanto a la prehistoria, tantos descubrimientos recientes han arrojado luz sobre ella que los conocimientos de un profesor formado hace veinte a√Īos est√°n en parte obsoletos. En efecto, las ciencias duras se imponen frente a las aproximaciones hist√≥ricas, aportan nuevos conocimientos, y estos son cada vez m√°s numerosos. ¬ŅQuiz√°s la historia pueda cambiar despu√©s de todo?

A finales del siglo XIX, tras acalorados debates ante las pruebas de la geología, la mayoría de los historiadores admitieron finalmente que el hielo había cubierto Europa occidental en la Edad de Piedra. A finales del siglo XX, se inclinaron ante las pruebas de la palinología y aceptaron que los árboles de madera dura de los bosques franceses habían migrado lentamente desde la actual China. A principios del siglo XXI, la genética y la climatología hicieron tambalear a los dogmas establecidos.

¬ŅLa ense√Īanza de la historia deber√≠a ser quiz√°s una cuesti√≥n de actualizaci√≥n cient√≠fica? De ni√Īos, recit√°bamos fechas de batallas y genealog√≠as. Nuestro profesor de historia nos ense√Īaba: ‚ÄúEn el 105 a.C., el Ej√©rcito Romano fue derrotado en Arausio por los b√°rbaros‚ÄĚ. No nos dijo por qu√© los cimbros, los teutones y todos los pueblos de las orillas del mar B√°ltico se desplazaban hacia el sur. √Čl probablemente sab√≠a que se trataba de una migraci√≥n, ya que avanzaban con sus armas, familias y reba√Īos. Pero, ¬Ņc√≥mo podr√≠a habernos ense√Īado que estos pueblos hu√≠an de repetidas inundaciones catastr√≥ficas, ya que tuvimos conocimiento de ellas apenas en el a√Īo 2015?


Toba

Los paleont√≥logos, en cuanto llegan a la excavaci√≥n de un yacimiento, buscan un rasgo continuo distinguible: una capa negra de nueve metros de espesor en Indonesia que se extiende hasta unos pocos mil√≠metros en los polos. En la cronolog√≠a de los dep√≥sitos sedimentarios hay una fecha conocida por todos los especialistas: 74000 a√Īos antes de Cristo. En esa √©poca, un gigantesco volc√°n entr√≥ en erupci√≥n. Este volc√°n se llamaba Toba. Las cenizas que salieron de su cr√°ter cubrieron todo el globo. All√≠ donde cavamos, su dep√≥sito forma esta l√≠nea continua, el √ļltimo vestigio de una explosi√≥n que estuvo a punto de aniquilar a nuestra especie.

El hombre ha sido ciertamente incoherente en lo que respecta a su colonizaci√≥n del mundo. Ahora se le acusa de haber da√Īado su planeta. Se puede admitir que, hasta hace poco, pecaba de ignorancia. El orgullo del Homo sapiens-sapiens es a√ļn m√°s reciente. Hace muy poco tiempo que nos consideramos due√Īos del planeta: menos de tres segundos, si el primer homo hubiera aparecido hace veinticuatro horas.

Antes, el hombre temía a la naturaleza. La temía por experiencia. Ciclones, terremotos o erupciones volcánicas dejaban huellas en la memoria colectiva. Sufría su violencia con impotencia e incomprensión. Dioses malignos fueron inventados y empezaron a atribuir estos cataclismos a su ira. Eso nos puso de rodillas. Luego nos curamos las heridas. Nuestro instinto de supervivencia es algo más que mera desesperación. Nuestra inmensa capacidad de adaptación nos puso de nuevo en pie. Nuestra inteligencia colectiva nos ayudó a seguir adelante.

En Sumatra, la erupción del Toba fue tan potente que la especie humana estuvo a punto de desaparecer. Eran más de un millón de humanoides, tres mil sobrevivieron.

Una caldera volc√°nica

Todo comienza con una columna de magma que surge de las entra√Īas de la tierra. A menudo, esta roca fundida se detiene a unos cientos de kil√≥metros por debajo de la superficie. All√≠ puede estancarse durante milenios. A veces sigue su camino hacia la superficie: esa es la erupci√≥n. Cuando la columna de magma no se abre, forma un punto caliente que funde los minerales circundantes. En la intimidad de la corteza terrestre se forma un lago subterr√°neo. Este dep√≥sito de roca fundida por el calor crece lentamente. En la superficie no vemos nada. Ning√ļn calor sospechoso que nos alerte. Ning√ļn terremoto sacude nuestros sism√≥grafos. A pocos kil√≥metros bajo tierra, el lago de magma est√° creciendo. Su contenido es tan viscoso, tan espeso, que atrapa los gases. En unos pocos miles de a√Īos, la presi√≥n se vuelve colosal. Cuando aumenta demasiado, se produce la explosi√≥n. Su energ√≠a es gigantesca y destroza la b√≥veda del lago subterr√°neo. El cr√°ter puede tener hasta cien kil√≥metros de di√°metro. La presi√≥n acumulada desencadena erupciones de cien a mil veces m√°s potentes que las de los volcanes tradicionales.

La √ļltima caldera volc√°nica que explot√≥ fue relativamente peque√Īa. Su erupci√≥n ocurri√≥ en 1991 en las Filipinas. El Pinatubo mat√≥ solo a mil personas, expuls√≥ solo mil millones de metros c√ļbicos de roca, su caldera solo ten√≠a 2.5 km de di√°metro y su explosi√≥n ni siquiera enfri√≥ la tierra un grado durante dos a√Īos.

El Toba tenía una dimensión completamente diferente. Su caldera alcanzó los 80 km. Su explosión casi destruyó a la especie humana.

La erupci√≥n dur√≥ casi dos semanas. 8000 millones de toneladas de roca fueron escupidas al espacio y 10000 millones de toneladas de √°cido sulf√ļrico las acompa√Īaron. La explosi√≥n fue tan violenta que propuls√≥ todo m√°s all√° de la trop√≥sfera hasta la capa de ozono estratosf√©rica. Afortunadamente, Sumatra est√° bajo el r√©gimen de los vientos alisios. La inmensa nube, compuesta por las 8 millones de toneladas de ceniza que se elevaban cada segundo desde la boca del volc√°n, fue empujada hacia el oeste. Los vientos alisios del sur impidieron inicialmente que cruzaran el ecuador. A partir de los 6000 metros de altura, los fuertes vientos de la alta atm√≥sfera dispersaron las cenizas, principalmente hacia el norte y el este.

La atm√≥sfera, al norte del ecuador, se cubri√≥ de una gruesa capa de polvo volc√°nico. Este se extendi√≥ lentamente. En dos meses, esta capa cubri√≥ todo el globo. Nuestro ‚Äúplaneta azul‚ÄĚ se volvi√≥ marr√≥n. Las eyecciones del Toba giraron a su alrededor, formando una densa capa opaca. Las cenizas bloqueaban el 80 % de los rayos solares. El √°cido sulf√ļrico se combin√≥ con el ozono para crear una barrera perfecta. Ning√ļn rayo solar llegaba al suelo terrestre. La noche se estableci√≥, sin interrupci√≥n. Al cabo de dos a√Īos, la oscuridad era total. Luego, poco a poco, se empez√≥ a distinguir el sol. Se necesitaron seis a√Īos para verlo en plena ma√Īana.

Mientras tanto, en la tierra se instalaba un fr√≠o intenso. El terrible invierno volc√°nico se agravaba. Las temperaturas oce√°nicas disminu√≠an de 3 a 3.5¬įC. Las temperaturas terrestres se desplomaron: las regiones templadas del hemisferio norte sufrieron un descenso de 15¬įC a 17¬įC. Al acentuar un enfriamiento clim√°tico en curso, la erupci√≥n del Toba hab√≠a provocado instant√°neamente una glaciaci√≥n: la glaciaci√≥n de W√ľrm.

Fue la mayor explosi√≥n volc√°nica de los √ļltimos 100000 a√Īos. Afect√≥ profundamente a todos los seres vivos.

La fotos√≠ntesis de las plantas disminuye en un 85 % cuando la intensidad de la luz baja un 10 %. Tambi√©n disminuye cuando las temperaturas se desploman. Con el 80 % de los rayos solares bloqueados, la fotos√≠ntesis pas√≥ a ser pr√°cticamente nula. Esto destruy√≥ los bosques tropicales. En las zonas templadas, la mayor√≠a de los √°rboles de hoja caduca murieron y solo la mitad de los de hoja perenne sobrevivieron. En los mares, el plancton se volvi√≥ escaso. En el oc√©ano √ćndico, cinco millones de kil√≥metros cuadrados de vida submarina quedaron devastados. El monz√≥n se debilit√≥ considerablemente. La zona intertropical experiment√≥ una sequ√≠a catastr√≥fica. Los herb√≠voros, tras la desaparici√≥n de sus praderas, perecieron por millones. En ausencia de sus presas habituales, los carn√≠voros se devoraron entre s√≠. El Homo sapiens desapareci√≥, casi por completo.

Al sur del ecuador, los vientos alisios hab√≠an protegido la trop√≥sfera de las nubes de ceniza y la masa t√©rmica de los oc√©anos imped√≠a que las temperaturas descendieran con demasiada violencia. Los gorilas y los bonobos del norte del ecuador desaparecieron; en el sur, sobrevivieron los de Katanga. En el este de √Āfrica central, los hominoides se adaptaron al fr√≠o.

Bajo el ecuador, en las altas llanuras de √Āfrica oriental, crecieron helechos arbustivos, especies vegetales que ya hab√≠an experimentado los rigores de las glaciaciones durante su evoluci√≥n, los cuales soportaron un descenso de 7¬įC de temperatura. En esta regi√≥n hubo menos ceniza gracias a los vientos alisios, lo cual se traduce en menos contaminaci√≥n en los r√≠os. La gran profundidad de los lagos de √Āfrica Oriental diluy√≥ la lluvia √°cida lo suficiente como para mantener el agua superficial casi potable. All√≠, los mam√≠feros cuyas guaridas eran cuevas profundas temblaban... pero sobreviv√≠an. Entre ellos, algunos Homo sapiens consiguieron sobrevivir bajo estas condiciones gracias a su uso del fuego y a una gran cantidad de pieles de animales con las que se fabric√≥ ‚Äúropa‚ÄĚ.

¬ŅCu√°ntos supervivientes hubo tras la erupci√≥n del Toba?

En una √©poca muy lejana, la fotos√≠ntesis de las plantas permiti√≥ que la atm√≥sfera terrestre se saturara de ox√≠geno, en detrimento de ciertos seres vivos que no toleraban este gas. Se produjeron simbiosis. Algunos organismos anaerobios se fusionaron con otros que soportaban el ox√≠geno. Las mitocondrias, en particular, se envenenaron. Encontraron c√©lulas hospitalarias y adaptaron su ADN para multiplicarse simult√°neamente como su c√©lula hu√©sped. Cada c√©lula de cada mam√≠fero las alberga. Son responsables de la transformaci√≥n de las mol√©culas org√°nicas en energ√≠a. Durante la reproducci√≥n humana se transmiten solo por los √≥vulos, por lo que el ADN mitocondrial de un humano es estrictamente id√©ntico al de su madre. Al estudiar los √°rboles geneal√≥gicos, hemos podido comprobar que todas las mitocondrias de nuestras c√©lulas proceden de las mismas cepas. Todas proceden del √Āfrica subsahariana.

Es dif√≠cil determinar el n√ļmero exacto de supervivientes de la erupci√≥n del Toba. La teor√≠a oficial es que solo sobrevivi√≥ el Homo Sapiens que estaba bajo el ecuador, en Etiop√≠a, Kenia y Tanzania. Estudios gen√©ticos m√°s recientes han demostrado que algunos hombres de Neanderthal, Den√≠sova y Flores tambi√©n resistieron el fr√≠o glacial y la escasez de alimentos en la urgencia absoluta y el miedo de este cielo que se volvi√≥ oscuro. Sin embargo, es el Homo sapiens el que sobrevivi√≥ en mayor n√ļmero. Seg√ļn las hip√≥tesis adoptadas, los supervivientes fueron entre 40 (Harpending, 1993) y 10000 (Ambrose, 1998). La estimaci√≥n m√°s aceptada es que hay 500 mujeres sapiens en edad de procrear, es decir, 3000 supervivientes, y un centenar de neandertales y denisovanos. De una poblaci√≥n de 500000 mujeres antes de la erupci√≥n, solo 500 ser√≠an las antecesoras de toda la humanidad.

En otras palabras, el 99.7 % de los humanos habr√≠an muerto, esencialmente de fr√≠o y de hambre. En el conjunto de la tierra, las plantas y los animales desaparecieron en proporciones similares. Por ejemplo, el an√°lisis del ADN mitocondrial de los chimpanc√©s actuales ha demostrado que todos proceden de dos estirpes. Una se encontraba en las tierras altas de Uganda y la otra proced√≠a del este de la Rep√ļblica Democr√°tica del Congo, al sur del ecuador. Tras este cataclismo, los grandes simios iniciaron migraciones al oeste, hacia los bosques de √Āfrica Central.

El Homo sapiens se movi√≥ en todas las direcciones, su mayor migraci√≥n fue hacia el norte. En el curso de su conquista de las tierras del mundo, demostr√≥ una y otra vez la superioridad de sus capacidades creativas al descubrir nuevas fuentes de alimento, nuevas estrategias, nuevos procesos y nuevas herramientas. Los supervivientes colonizaron primero el √Āfrica oriental y luego se dispersaron. Pero la actitud agresiva en la que se bas√≥ la conquista de territorios por parte de los hominoides difiere fundamentalmente de la pl√°cida migraci√≥n de los grandes simios.

Los supervivientes de la conquista del mundo

Al partir de los Grandes Lagos, el Homo sapiens sigui√≥ la l√≠nea de las tierras altas, de sur a norte, desde Kenia hasta Etiop√≠a. La vegetaci√≥n y la fauna se estaban recuperando. Remont√≥ el Nilo y cruz√≥ la pen√≠nsula del Sina√≠. Luego gir√≥ hacia el este y se extendi√≥ por todo el planeta. Con el paso del tiempo, la calidad de sus herramientas mejor√≥. Sus ropas se volvieron m√°s eficaces. Su dominio del fuego lo distingui√≥. Cuanto m√°s seguimos su rastro en su expansi√≥n conquistadora hacia el norte, m√°s refinada se vuelve su tecnolog√≠a. Tras abandonar √Āfrica despu√©s de la erupci√≥n del Toba, el Homo Sapiens se adapt√≥ a todas las situaciones. Tard√≥ cuarenta mil a√Īos en extender su territorio a todos los rincones del mundo. Ning√ļn otro mam√≠fero ha sido capaz de demostrar una adaptabilidad tan asombrosa. Vino del sur del ecuador y, sin embargo, fue capaz crear una civilizaci√≥n basada en las migraciones de renos hacia el C√≠rculo Polar √Ārtico, se deleit√≥ con las larvas dulces, aprendi√≥ a matar tiburones con un arp√≥n, vivi√≥ de la caza y la recolecci√≥n, iba a plantar millones de kil√≥metros cuadrados de pastos.

En pocos a√Īos, los hominoides pasaron de ser una especie pr√≥spera a una especie en peligro de extinci√≥n. En unos pocos milenios, su capacidad de adaptaci√≥n les permiti√≥ convertirse en conquistadores. Unas pocas decenas de milenios m√°s y el genio inventivo de los humanos podr√≠a dominar a todos los mam√≠feros del mundo.

¬ŅQu√© pasar√≠a si el Toba entrara en erupci√≥n hoy?

Afortunadamente, las calderas volc√°nicas siguen siendo muy raras. Aparte de las ca√≠das de asteroides, la mayor√≠a de los cambios bruscos del clima en los √ļltimos milenios se han debido a la actividad volc√°nica y todos los cambios importantes fueron obra de calderas volc√°nicas. En los √ļltimos 100000 a√Īos ha habido unos cuantos. Por ejemplo, en 1815, la erupci√≥n del Tambora provoc√≥ un ‚Äúa√Īo sin verano‚ÄĚ. Hace 3650 a√Īos, la isla de Santorini explot√≥, poniendo fin instant√°neamente a la civilizaci√≥n cretense.

La tierra gira alrededor del Sol en una √≥rbita que cambia continuamente, pasando de un c√≠rculo perfecto a una elipse alargada, en cincuenta mil a√Īos. 76000 a√Īos despu√©s de la erupci√≥n del Toba, nuestro planeta est√° mucho m√°s cerca de su estrella. Actualmente gira pr√°cticamente en c√≠rculo: tiene m√°s calor. El globo tambi√©n gira sobre s√≠ mismo, alrededor de un eje inclinado que pasa por sus dos polos. La inclinaci√≥n de este eje de rotaci√≥n con respecto del Sol hace que hoy los veranos sean menos calurosos en el hemisferio norte y los inviernos menos fr√≠os. Definitivamente no estamos en una edad de hielo.

Si la caldera volc√°nica del Toba explotara ahora, el impacto ser√≠a muy diferente. El volc√°n proyectar√≠a miles de millones de toneladas de eyecciones en la estrat√≥sfera. Se formar√≠a una gruesa capa de cenizas y √°cido sulf√ļrico que ocultar√≠a el Sol. La temperatura media de la tierra solo descender√≠a 10 ¬ļC. Al cabo de diez a√Īos, este enfriamiento global ser√≠a de solo dos grados. Las precipitaciones disminuir√≠an en un 45 % aproximadamente durante varios a√Īos. Los que tienen medios econ√≥micos podr√≠an soportar este fr√≠o repentino: comprar√≠an ropa m√°s abrigada, consumir√≠an m√°s calefacci√≥n y pagar√≠an un alto precio por el agua dulce y los alimentos. Para dar un orden de magnitud m√°s concreto: un habitante de N√°poles tendr√° que vivir durante dos a√Īos como en un invierno en Montreal y luego, durante unos diez a√Īos, como alguien que vive en Hamburgo. Dos a√Īos de noche continua y fr√≠o intenso afectar√°n a su moral. La gran cantidad polvo que habr√° por todas partes, incluso en sus bronquios, puede asfixiarlo. Los da√Īos causados por las cenizas complicar√°n las cosas: los tejados de las casas se derrumbar√°n por el peso, los cables el√©ctricos tambi√©n. Las condiciones de tr√°nsito se volver√°n... dif√≠ciles. Es probable que las tuber√≠as est√©n menos aisladas en N√°poles que en Montreal, por lo que reventar√°n. El n√ļmero de quitanieves italianos ser√° insuficiente. El estr√©s podr√≠a ser dif√≠cil de soportar, pero no habr√° peligro para la supervivencia de este napolitano: el fr√≠o no lo matar√°. Es probable que la persona que vive hoy en Mosc√ļ tenga m√°s dificultades para adaptarse a una bajada de temperatura de unos quince grados. Quiz√° se precipite a la opci√≥n de la emigraci√≥n clim√°tica hacia el sur. El habitante de latitudes altas que no disponga de medios econ√≥micos para protegerse del fr√≠o estar√° en peligro.

La posici√≥n de la tierra con respecto al Sol es mucho m√°s favorable que hace 76000 a√Īos. Por lo tanto, lo que matar√≠a a los seres humanos en gran n√ļmero no es el fr√≠o, sino el hambre.

La inanición es el mayor riesgo

Siete mil millones de personas pesan mucho más en nuestro planeta hoy en día. En las condiciones óptimas que conocemos, ya se considera que mil millones de personas están desnutridas. Si la erupción del Toba se produjera hoy, las plantas sufrirían considerablemente. Las precipitaciones disminuirían en un 45 % y nuestras enormes plantaciones de cereales y árboles frutales desaparecerían. El descenso de las temperaturas provocaría la desaparición de los árboles de hoja ancha de hoja perenne. Prácticamente todos los árboles tropicales perecerían. Las hierbas no sobrevivirían por falta de fotosíntesis. Las lluvias se volverían escasas pero muy ácidas. Los recursos de agua dulce disminuirían considerablemente, lo cual afectaría también a nuestras explotaciones agrícolas. Los árboles de hoja caduca quedarían diezmados.

Tras dos a√Īos sin sol, la vegetaci√≥n volver√≠a a brotar. Las hierbas volver√≠an a crecer primero, su fotos√≠ntesis es m√°s d√©bil que la de los √°rboles. El fr√≠o habr√° acabado con los bosques, anulando el efecto refrigerante de su evapotranspiraci√≥n. Alrededor del paralelo 40, la caza se reducir√° y las cosechas ser√°n muy escasas. Sin embargo, la poblaci√≥n mundial se habr√° concentrado principalmente en las zonas templadas. Las grandes maderas duras del norte se habr√°n congelado. Las de la zona intertropical no habr√°n soportado el fr√≠o. Entonces la tierra presentar√° al sol grandes √°reas de hierba y √°rboles j√≥venes en crecimiento. Absorber√° m√°s energ√≠a de sus rayos que en la actualidad. En los polos, el hielo sucio de polvo captar√° m√°s de lo que refleja. El clima se calentar√°. Y entonces el clima se equilibrar√° de nuevo: al cabo de unas d√©cadas, las plantas refrescar√°n la tierra mientras los nuevos hielos reflejar√°n los rayos del sol. Nuestra estrella nos calentar√° menos y finalmente deber√≠amos experimentar un enfriamiento global de 3 a 5 ¬įC. Es significativo, pero no tiene nada que ver con el cataclismo que provoc√≥ la erupci√≥n hace 76000 a√Īos.

Hoy en d√≠a, la explosi√≥n de un volc√°n del tama√Īo del Toba afectar√≠a menos al clima. Sin embargo, seguir√≠a dando lugar a una tasa de mortalidad muy elevada, principalmente debido a la hambruna. Las simulaciones por ordenador son incre√≠blemente complejas. Los cient√≠ficos proponen una gran variedad de cifras. Suelen citar la cifra m√°s sencilla de recordar, una de las hip√≥tesis m√°s bajas estima mil millones de muertos

¬ŅExisten otras calderas volc√°nicas?

No sabemos si se esconden uno o varios volcanes bajo los océanos, pero sí sabemos que existe un supervolcán ante nuestros ojos. Todos lo conocemos porque en su superficie se encuentra uno de los parques naturales más famosos de los Estados Unidos de América. Es potencialmente más poderoso que el Toba. Los paleólogos lo descubrieron en 1990. Se trata de la caldera volcánica de Yellowstone.

El parque de Yellowstone ocupa un mill√≥n de hect√°reas en el estado norteamericano de Wyoming. El terreno es relativamente plano, fue picado por el paso de los glaciares en la antig√ľedad. Se puede caminar por all√≠ sin imaginar que se est√° pisando un volc√°n. La caldera se encuentra a pocos kil√≥metros bajo tierra y el paisaje no evoca los escarpados acantilados de un volc√°n. Es porque todo es enorme. En el horizonte se pueden ver peque√Īos relieves de unos treinta metros de altura. Estos son, de hecho, los labios del cr√°ter. Las postales del parque suelen presentar al Viejo Fiel, un g√©iser que escupe a 55 metros de altura con gran regularidad. Los maravillosos colores del lago llamado La Gran Fuente Prism√°tica dan como resultado fotos encantadoras. Todo all√≠ parece id√≠lico. A veces, una intensa actividad termal colapsa un camino, el cual se cierra inmediatamente al p√ļblico. Los turistas pasean, entusiasmados, con sus c√°maras cargadas de recuerdos inmortales.

Pero los hombres son mortales.

Bajo las sandalias de los turistas se encuentra el mayor volc√°n del mundo. En medio de la caldera, la tierra se eleva continuamente a la imperceptible velocidad de un metro cada 75 a√Īos. A 8000 metros de profundidad, la c√°mara de magma est√° sometida a una gran presi√≥n. En el magma a 1500 ¬įC, los gases se comprimen. Cinco kil√≥metros por debajo de la superficie, la corteza terrestre est√° todav√≠a a una temperatura de 350 ¬įC. Este volc√°n est√° activo, ¬°endiabladamente activo! Aproximadamente cien temblores de baja intensidad sacuden el suelo cada a√Īo, y este n√ļmero va en aumento. Las fumarolas, las aguas termales y los g√©iseres son expresiones de la actividad subterr√°nea. Muy por debajo de la superficie, las c√°maras infrarrojas de la NASA han distinguido una gigantesca caldera de al menos 90 km por 30 km. Ser√≠a, por tanto, comparable a la del Toba.

Si no se extrapolan las estad√≠sticas de las tres √ļltimas explosiones, es imposible predecir cu√°ndo tendr√° lugar la pr√≥xima erupci√≥n del Yellowstone. Solo sabemos que ser√° catacl√≠smica y que cambiar√° el aspecto del mundo. El hombre es muy poco cuando la tierra desencadena la potencia de una caldera volc√°nica.

Por muy extraordinaria y diversa que fuera, la evoluci√≥n del ‚ÄúHombre, el mam√≠fero que se para en dos patas‚ÄĚ se detuvo bruscamente hace 76000 a√Īos, cuando el Toba mat√≥ abruptamente a casi todos los descendientes del Homo Erectus. Los cient√≠ficos llaman a este momento ‚Äúel cuello de botella de la evoluci√≥n‚ÄĚ. Esta casi extinci√≥n de nuestra especie simplifica nuestro √°rbol geneal√≥gico: entre los 3000 supervivientes en el coraz√≥n de √Āfrica, todos ten√≠an las mismas caracter√≠sticas morfol√≥gicas. Todos caminaban igual, compart√≠an el mismo color de piel y de pelo, todos sab√≠an hablar y controlar el fuego: ¬°una simplificaci√≥n impresionante para la paleontolog√≠a!

Al cabo de unos pocos millones de a√Īos de evoluci√≥n, una min√ļscula rama del linaje de los grandes simios hab√≠a dado lugar a un mill√≥n de hom√≠nidos diversos con conocimientos contrastados, perdidos en la inmensidad del globo cuando un repentino y colosal estallido de lava, piedras y cenizas lo resumi√≥ todo a tres min√ļsculos grupos de individuos. Pr√°cticamente todos los hom√≠nidos del mundo estaban muertos, excepto nuestros antepasados.

Dejamos el Paleolítico y entramos en la protohistoria. La especie humana renació a partir de unos pocos supervivientes de la erupción del Toba.

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Más información - Toba

La potencia del Toba equivale a la erupci√≥n simult√°nea de trescientos volcanes como el Pinatubo (1991), o a tres mil explosiones simult√°neas de volcanes (tradicionales) del tama√Īo del monte Santa Helena. La cantidad de eyecci√≥n proyectada por la erupci√≥n del Toba en el 74000 a.C. podr√≠a haber cubierto toda la tierra que emergi√≥ de un colch√≥n de m√°s de un metro de espesor.

La edad de hielo desencadenada por la erupci√≥n del Toba se denomina ‚ÄúEdad de Hielo de W√ľrm‚ÄĚ. Este cambio clim√°tico no termin√≥ hasta hace 12000 a√Īos, al final del Dryas Reciente, cuando comenz√≥ el Holoceno.

En 1815, el Tambora entr√≥ en erupci√≥n en la isla de Sumbawa, Indonesia. En el hemisferio norte, las temperaturas bajaron tanto que las piedras estallaron en las heladas de agosto en Nueva Inglaterra, Canad√° y Europa occidental. El mundo no conoci√≥ el verano en 1816. En Bengala se produjo una terrible hambruna; aparecieron y se extendieron focos de c√≥lera; se produjo la primera gran epidemia de c√≥lera de la historia. La hambruna provoc√≥ grandes movimientos sociales en toda Europa. Las revoluciones se multiplicaron en Espa√Īa, Alemania, Grecia, Europa del este, Ruman√≠a, Italia y Am√©rica Latina.

En el verano de 1783, el Laki entró en erupción en Islandia. Sus nubes enfriaron la tierra y fueron seguidas por una niebla seca que cubrió Europa. Las cosechas fueron pésimas. El hambre se convirtió en algo tan generalizado que se sabe que fue una de las principales causas de la Revolución francesa de 1789.

En 1453, el Kuwae entró en erupción. El clima de la tierra se enfrió tres grados. Las cenizas cubrieron el cielo de Constantinopla. El sol hizo que adquiriera un color rojo sangriento. La población, asediada por los turcos, habría interpretado este fenómeno como un muy mal presagio. La gente habría huido al anochecer, dejando la puerta de Kerkoporta abierta. Así, los otomanos habrían atravesado sus infranqueables murallas sin dar un golpe. Era el fin del Imperio Bizantino.

En 1258, un volc√°n de caldera explot√≥ en Indonesia, en la isla de Lombok. La pluma eruptiva se elev√≥ a 43000 metros, la nube de ceniza oscureci√≥ la luna. Fue la mayor erupci√≥n volc√°nica del √ļltimo milenio. Las lecturas de temperatura chinas e inglesas permiten situarla en enero de 1258. Las lluvias y el fr√≠o fueron especialmente intensos, lo que provoc√≥ inmensas hambrunas (un tercio de los habitantes de Londres murieron de hambre). Una epidemia de murra√Īas atac√≥ a los reba√Īos de ovejas, las prolongadas heladas mataron a las vacas. Islandia qued√≥ aislada por el hielo. Enseguida apareci√≥ una peste que, tras un duro invierno, se extendi√≥ a partir de abril de 1259; desde oriente Medio hasta Europa, la epidemia diezm√≥ a la poblaci√≥n. El ej√©rcito mongol entr√≥ en Bagdad pero, por falta de alimentos, detuvo su conquista de Europa oriental. El intenso fr√≠o que provoc√≥ esta erupci√≥n hizo que el enfriamiento del planeta se acelerara hacia la Peque√Īa Edad de Hielo.

Si las dos √ļltimas erupciones de calderas volc√°nicas, el Pinatubo (1991) y el Tambora (1815), fueron letales, fue sobre todo de forma indirecta: desencadenaron la instalaci√≥n prolongada del fen√≥meno clim√°tico de El Ni√Īo. A ello sigui√≥ una grave sequ√≠a en los tr√≥picos (Gagan, 1995), cuyo volumen de precipitaciones se redujo a la mitad (Pittcock, 1989), lo que provoc√≥ graves hambrunas.

Harwell (1984) estudió el impacto de la temperatura en la muerte de los árboles. No tuvo en cuenta el impacto de la lluvia ácida que contiene azufre. No obstante, su trabajo arroja luz sobre el impacto de una variación de las temperaturas medias de la tierra de unos pocos grados en las plantas.

Si las temperaturas bajaran 3 ¬įC durante 5 a√Īos, la biomasa de los √°rboles de las zonas templadas disminuir√≠a un 25 % y el bosque recuperar√≠a su volumen al cabo de unos cincuenta a√Īos. En el caso de los ecosistemas herb√°ceos, un descenso de 3 ¬įC en la temperatura disminuir√≠a la biomasa en un 9 %.

En el caso de un descenso de la temperatura de 6 ¬įC, la biomasa disminuir√≠a un 80 % y solo recuperar√≠a el 50 % de su volumen inicial al cabo de 50 a√Īos.

Si las temperaturas disminuyeran en 9 ¬įC durante 5 a√Īos, el 90 % de la biomasa se destruir√≠a, solo se encontrar√≠a el 33 % de la masa inicial despu√©s de 50 a√Īos. Y los sistemas herb√°ceos ver√≠an disminuir su biomasa en un 51 %. (¬°En Europa, la erupci√≥n del Toba enfri√≥ la tierra en 16 ¬įC!).

Se han encontrado f√≥siles de cientos de mam√≠feros muertos por una erupci√≥n de Yellowstone hace 10 millones de a√Īos: sus pulmones hab√≠an sido lacerados por el polvo volc√°nico, hab√≠an muerto al toser su sangre.

Yellowstone ya entr√≥ en erupci√≥n hace 1.8, luego 1.2 y despu√©s 0.64 millones de a√Īos. Durante esta √ļltima explosi√≥n, el volc√°n hab√≠a expulsado 2500 millones de metros c√ļbicos de magma (casi tanto como el Toba: 2800 millones).

En Nueva Zelanda, bajo el lago Taupo, se encuentra un volc√°n de caldera de tama√Īo solo ligeramente inferior. Se le ve como la leche al fuego. Ha entrado en erupci√≥n aproximadamente cada novecientos a√Īos (durante 27000 a√Īos), pero desde hace 1700 a√Īos que no explota.

Del Toba solo queda un gran lago, en la superficie. En las profundidades de la tierra, en el mismo lugar, está renaciendo un nuevo volcán de caldera. Ha experimentado algunos terremotos graves (de hasta magnitud 9 en la escala de Richter), pero no parece preocupar a los vulcanólogos.

En 2012 se descubrió una caldera activa de 13 km de diámetro, a pocos kilómetros de la ciudad de Nápoles (Italia), cuyo lago de roca fundida sigue creciendo.

No es una regla establecida, pero parece que las erupciones de las calderas volc√°nicas son tan potentes que siempre inducen erupciones o terremotos asociados (a veces a m√°s de 10000 km de distancia).

El Homo floresiensis tambi√©n ha sobrevivido al Toba, pero ha permanecido, indefinidamente en la selva de la isla indonesia de Flores, hasta su extinci√≥n en torno al 16000 a.C. La erupci√≥n del Toba habr√≠a acabado con pr√°cticamente todas las dem√°s l√≠neas de Homo Erectus, incluidas aquellas de las que hemos descubierto esqueletos recientemente (Marruecos, Georgia, China, Mongolia...). Es de esperar que los arque√≥logos descubran otras especies de Homo que sobrevivieron al Toba. Los genetistas han descubierto que los denisovanos tambi√©n descienden del Homo Erectus.


La epopeya de los sapiens

El ritmo natural de los días y las noches había vuelto, pero la atmósfera seguía siendo opaca. El suelo era uniformemente gris; incluso los océanos tenían un aspecto apagado. Todavía hacía frío, pero desde la erupción las temperaturas no habían dejado de subir. El sol estaba allí: todo iba a vivir de nuevo.

Gracias al rico polvo volc√°nico, calentado por la irradiaci√≥n solar, las plantas supervivientes se multiplicaron en la tierra y en las aguas. Los humanos comenzaron a abandonar las tierras altas de √Āfrica Oriental. Se fueron en peque√Īos grupos familiares. Se ganaban la vida con la caza. En el camino, recolectaban o recog√≠an espigas. Al aislarse de sus cong√©neres, su reproducci√≥n era a veces endog√°mica. La m√°s m√≠nima enfermedad o lesi√≥n pon√≠a en peligro la supervivencia del grupo. Dedicaban su energ√≠a a la supervivencia de la especie, aunque esta noci√≥n les fuera ajena.

Grupos, clanes, pueblos

Algunos se dirigieron hacia el oeste y pulularon por toda √Āfrica, mientras que otros, coto a coto, subieron desde los Grandes Lagos, al este del continente, hasta el mar Mediterr√°neo. Su ADN llevaba un marcador gen√©tico particular: el M130. Hacia el 45000 a.C., despu√©s de haber pasado por Egipto, atravesaron las tierras de los neandertales, quienes hab√≠an aprendido a soportar el fr√≠o m√°s intenso de la Edad de Hielo. Su modo de vida, su cuerpo, especialmente la forma de sus fosas nasales, as√≠ como su sistema inmunitario, se hab√≠an adaptado a las temperaturas g√©lidas. Cazaban sobre todo en el bosque, favoreciendo la fuerza a la forma f√≠sica. Curiosamente, los hombres y mujeres neandertales utilizaban pigmentos de colores con regularidad.

Tanto los neandertales como los sapiens descienden del Homo Heidelbergensis. La separaci√≥n entre los linajes se produjo alrededor del 600000 a.C. Al ser primos lejanos, su uni√≥n fue f√©rtil. Hubo acoplamientos entre los dos pueblos: el ADN de los Homo sapiens que salieron de √Āfrica se hab√≠a enriquecido con un 1.5 a 3 % de genes neandertales. Los √ļltimos neandertales de Siberia llevaban un 7.1 % de genes sapiens. No sabemos cu√°l fue la causa de la desaparici√≥n de los linajes puros de neandertales y Homo Erectus, pero al parecer todos murieron entre el 30000 y el 25000 a.C. Sospechamos que fue debido a una pandemia desconocida. Los √ļnicos que sobrevivieron fueron los mestizos. Pero no cualquier mestizo, solo sobrevivieron aquellos cuya madre era Homo sapiens, que hab√≠an heredado el sistema inmunitario, la pigmentaci√≥n y los ojos de los neandertales, cuya esbeltez y la mayor√≠a de sus caracter√≠sticas f√≠sicas eran fruto del genoma sapiens. La gen√©tica ha demostrado que, desde Europa hasta Asia, despu√©s del 24000 a.C., ya no hay neandertales ni sapiens en el norte del mar Mediterr√°neo: solo mestizos cuyo genoma contiene una parte predominante de genes sapiens que siguen llam√°ndose Homo sapiens.

Durante cada era interglaciar, la mayor√≠a de los Homo Sapiens siguieron de cerca el l√≠mite del hielo. El clima ideal era el fr√≠o porque permite conservar la carne durante unos d√≠as. Favorec√≠an las zonas forestales porque all√≠ encontraban m√°s presas. A medida que las temperaturas del mundo variaban, se acercaban a la latitud m√°s apropiada para su estilo de vida. Hacia el 40000 a.C., muchos de ellos se concentraron entre Ir√°n y Afganist√°n. El Himalaya bloqueaba cualquier avance hacia el este.

Poco antes del 30000 a.C., probablemente algunos cambiaron de regi√≥n. Decidieron dar la espalda al sol naciente y dirigirse al oeste. Hab√≠an desarrollado un nuevo marcador gen√©tico: el M173. Al cazar siempre en peque√Īos grupos, siguieron a sus presas hasta las costas de Europa occidental. Tambi√©n se les conoce como ‚Äúcroma√Ī√≥n‚ÄĚ.

La mayor√≠a abandon√≥ las tierras altas iran√≠es y continu√≥ su viaje, como siempre, hacia el este. Una mutaci√≥n en su ADN dio lugar a un nuevo marcador gen√©tico: el M9. Hab√≠an procreado lo suficiente como para que sus unidades pasaran de ‚Äúgrupo‚ÄĚ a ‚Äúclan‚ÄĚ. Estos ‚Äúclanes euroasi√°ticos‚ÄĚ se dividieron entonces en dos grupos.

El grupo m√°s peque√Īo hab√≠a desarrollado t√°cticas de caza especialmente adaptadas a los bosques densos. Segu√≠an a sus presas a trav√©s del sur del Himalaya, por el sudeste asi√°tico. Se desplazaron hasta Malasia en constante peligro. Durante las glaciaciones del Cuaternario, gran parte de los oc√©anos se congelaron formando t√©mpanos de hielo. El nivel del agua descendi√≥ considerablemente. Aprovecharon la oportunidad para caminar en terreno seco hasta Indonesia. Los hombres del segundo grupo M9 hab√≠an inventado las agujas de coser. En su lugar, part√≠an astillas de hueso que permit√≠an pasar una fina tira de tend√≥n a trav√©s de una piel ligeramente curtida. Este invento les permit√≠a juntar las pieles para formar prendas adecuadas a la persona que vest√≠an. Una vez protegidos del fr√≠o, con los zapatos puestos, este clan se dirigi√≥ al norte. Viv√≠an principalmente de la caza de mamuts lanudos y renos. Dejaron muchos rastros en Siberia alrededor del 25000 a.C. y acabaron desarrollando un nuevo marcador gen√©tico: el M45. Al pasar por las grandes llanuras ricas en rumiantes, se encontraron con un pueblo que tambi√©n hab√≠a sobrevivido al Toba: los hombres de Den√≠sova. Los mestizos resultantes de su apareamiento ten√≠an un 3 % del acervo gen√©tico denisovano, incluido el marcador M45.

Los clanes M9, que llevaban el marcador M45 desde su llegada a Siberia, eran especialmente móviles y fértiles. Su herencia genética se enriquece con un 0.3 % de genes denisovanos. Poblaron toda Asia Central y llegaron hasta el oeste de China hacia el 35000 a.C. Algunos de ellos se dirigieron al norte por el hielo y llegaron a Alaska hacia el 15000 a.C. Dejaron su huella en el oeste americano hacia el 12000 a.C. Algunos aprovecharon los recientes cambios climáticos del Dryas Reciente para continuar hasta la Patagonia.

Los más innovadores de los M45 navegaron a lo largo de la costa asiática hasta Nueva Guinea en el 30000 a.C., lo que sugiere que encontraron una forma de desplazarse por el agua. Su herencia genética contenía un 6 % de genes denisovanos.

Estos viajes duraron decenas de miles de a√Īos. Hab√≠a que protegerse constantemente pues la supervivencia era una lucha perpetua. Las presas les indicaban el camino. Los seres humanos fueron all√≠ donde los animales a√ļn no conoc√≠an sus t√°cticas de caza, condenados a desplazarse, a pie, llevando herramientas. Avanzaron hacia lo desconocido y adoptaron la estrategia m√°s eficaz: ser n√≥madas. No es de extra√Īar que el hombre haya desarrollado una capacidad de adaptaci√≥n excepcional. Al perderse en tierras que no conoc√≠a ten√≠a que encontrar cada d√≠a agua, plantas comestibles y presas. La gran resistencia del cuerpo femenino tuvo que superar la prueba de dar a luz, cargar y amamantar mientras viajaba en esas condiciones. Los hombres ten√≠an que caminar mucho, trepar, cargar, correr y enfrentarse con violencia instant√°nea. Adem√°s, el tama√Īo de su cerebro era mayor que ahora. El lenguaje articulado era una ventaja decisiva.

Este inmenso viaje alrededor del mundo indujo muchos otros cambios, especialmente en la fisiología humana.

Fisiologías

Como nuestro planeta estaba entonces más alejado del sol, sus rayos eran menos potentes. Irradiaban con menor intensidad a los que evolucionaban lejos del ecuador. Sin embargo, el cuerpo humano necesita recibir luz solar para sintetizar la vitamina D. Esta es esencial para la vida, ya que permite la asimilación del calcio. Pero los clanes M45 viajaban por toda Siberia, envueltos en ropas hechas con piel de animal. Debieron de haber estado en un estado avanzado de descalcificación. Sus cuerpos se adaptaron revelando más genes de incuestionable origen neandertal y haciendo la metilación dos genes sapiens.

La selección natural estaba actuando. Poco a poco, aquellos cuya piel estaba despigmentada resultaron ser más sanos que otros, en este tiempo. La regulación de la melanina en la epidermis les permitía absorber mejor los escasos rayos solares que les llegaban. Cuanto más al norte vivían los clanes, más claros eran su cabello y su piel. La forma de los cuerpos también se adaptó al entorno climático de cada individuo. Los M173 que poblaron los bosques de Europa, protegidos de la ventisca por la vegetación, desarrollaron un cuello más largo y una nariz más alta que los clanes que cruzaron las grandes llanuras de Mongolia para ir a China.

Desde la helada Siberia hasta Asia Central, los humanos tuvieron que adaptarse a los fríos vientos que barrían el hielo y a la constante reverberación del sol: sus rostros tenían narices cortas, párpados de doble pliegue y pómulos altos. Soportaron un clima tan duro durante su viaje que desarrollaron un marcador genético especial: el M175. Solo el instinto de supervivencia les permitió librarse de las penurias. El esfuerzo fue tan considerable que su morfología tuvo que adaptarse. El hecho de empujar la nieve con las piernas cambió la forma de sus caderas.

La explosi√≥n del Toba fue el inicio. El largo viaje posterior dio forma a la humanidad. La mezcla dio lugar a nuevos grupos √©tnicos, a nuevos fenotipos. A lo largo de estos 50000 a√Īos, nuestras morfolog√≠as se adaptaron a nuestro entorno clim√°tico en funci√≥n del camino que tomaron los seres humanos.

El ser inteligente

La caza era la actividad predominante, era lo que obligaba a moverse en funci√≥n de los movimientos de las presas. La mayor√≠a de los humanos se desplazaban en peque√Īos grupos, principalmente en familias. Los hombres eran de la misma familia, pero las mujeres proced√≠an de grupos externos. La comodidad del alojamiento se limitaba a la protecci√≥n contra la lluvia y el viento, la vida depend√≠a de la abundancia de alimentos. A medida que los n√≥madas vagaban, se descubr√≠an nuevas plantas y frutos. Aprendieron a distinguir entre las que aportaban fuerza, las que curaban y las que conten√≠an venenos. Sab√≠an c√≥mo protegerse de los par√°sitos intestinales o resistir una fractura. Cada movimiento tra√≠a su propia serie de cambios, pero los grandes felinos segu√≠an siendo una amenaza mortal. Los cerebros de los humanos se acostumbraron a la necesidad de adaptarse continuamente a las nuevas circunstancias.

Los humanos cazaban en grupo. Inventaron trampas, t√°cticas y estrategias. Pod√≠an hablar entre ellos y transmitir informaci√≥n precisa. Los conocimientos y la excelencia de hombres y mujeres progresaban de forma complementaria. Las parejas permitieron la evoluci√≥n de nuevas formas de inteligencia en un grado superior al de cualquier otro mam√≠fero. Sus cerebros se desarrollaron mucho m√°s que sus m√ļsculos, especialmente los l√≥bulos frontales.

Los sapiens dispon√≠an de un arma formidable: pod√≠an asustar a cualquier mam√≠fero hasta ahuyentarlo. Lo √ļnico que ten√≠an que hacer era prender fuego a algo. Pero el truco no pod√≠a repetirse infinitamente. Tarde o temprano, un rinoceronte astuto llegar√≠a a comprender que los palos en llamas huelen a fuego pero no son peligrosos. Por lo tanto, los humanos buscar√≠an continuamente presas que nunca se hubieran encontrado con otros de su especie, que no conocieran ni sus t√°cticas ni sus armas. Cuando se encontraban con otro grupo de humanos, tend√≠an a alejarse de los territorios de caza ya explotados.

Se calcula que, a lo largo de su vida, un sapiens hab√≠a conocido a menos de 150 personas. La incorporaci√≥n de conocimientos fue lenta durante este periodo, y la nueva informaci√≥n proced√≠a principalmente de los intercambios entre mujeres. Luego, cuando los mejores terrenos de caza empezaron a poblarse, la presi√≥n demogr√°fica tuvo su efecto: los primos acabaron viviendo a menor distancia unos de otros. Durante el Mesol√≠tico, aparecieron clanes en zonas geogr√°ficas concretas. Esto permiti√≥ la aparici√≥n de una inteligencia colectiva que uno imagina se basaban en las religiones animistas y las reuniones de aniversarios. El resultado fue un ingenio creciente. Los humanos de esta epopeya inventaron mucho: herramientas y ropa, armas y h√°bitats. Esta facultad, amplificada por su capacidad de comunicaci√≥n y transmisi√≥n de conocimientos, les dio una ventaja decisiva.

En sesenta mil a√Īos, el ser humano hab√≠a pasado del b√≠pedo de los paleont√≥logos al hombre, el ser inteligente de los arque√≥logos.

Los humanos se habían extendido por todo el mundo, iban a conquistarlo.

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Más información - La epopeya de los sapiens

Neandertales y Sapiens vivieron en los mismos territorios durante casi 20000 a√Īos. Desde el 2011, la desaparici√≥n de la mayor parte de los H. neandertalis se atribuye cada vez m√°s a las nubes de sulfuros provocadas por la erupci√≥n del volc√°n de la caldera napolitana hace 40000 a√Īos (Ignimbrita Campaniana). Sin embargo, la universalidad de su desaparici√≥n (hasta Asia) y la probable concomitancia de la desaparici√≥n del Homo sapiens puro sugieren m√°s bien una pandemia contra la que solo estaba armado el genoma de los mestizos supervivientes. El enfriamiento debido a la erupci√≥n del volc√°n italiano puede haber sido el desencadenante de una pandemia.

Las mitocondrias de los cruces sapiens-neandertales supervivientes siguen todas el linaje sapiens. Por lo tanto, deducimos que las madres de estos mestizos eran exclusivamente sapiens, lo que implica que muchas de estas madres murieron en el parto, ya que el tama√Īo de las cabezas de los beb√©s de los neandertales era claramente mayor que el de los beb√©s de los sapiens (a nivel de las espinas ci√°ticas, el di√°metro del ‚Äúestrecho p√©lvico medio‚ÄĚ de las mujeres de los neandertales es un 10 % mayor que el de las sapiens).

Entre los genes que hemos heredado de los neandertales, hemos identificado los que controlan los niveles de vitamina D o de colesterol LDL en la sangre, los responsables de ciertos trastornos alimentarios pero también de la gestión de la asimilación de las grasas, los de la artritis reumatoide, el de la esquizofrenia, etcétera.

El enfriamiento del H4, hacia el 38000 a.C., fue probablemente intenso y abrupto debido a la erupci√≥n cerca de N√°poles de las Ignimbritas Campanienses, como lo demuestran los n√ļcleos de hielo del √Ārtico (NGRIP). Provoc√≥ la muerte de un gran n√ļmero de animales y plantas (semiextinci√≥n de especies), en particular hacia el sureste (hasta Egipto) y hacia el este (hasta el lago Baikal y el C√°ucaso) a causa de una nube muy densa de compuestos sulfurosos y azufrados que se desplaz√≥ a muy baja altura.

La siguiente glaciaci√≥n (H3), aproximadamente del 32500 al 30500 a.C., marca el l√≠mite entre el Paleol√≠tico Medio y el Paleol√≠tico Superior. Tambi√©n fue lo suficientemente fr√≠a como para que los cruces entre sapiens, neandertales y denisovanos que ya hab√≠an cruzado Siberia encontraran f√°cilmente un paso seco para ir a pie entre Rusia y el continente americano, donde se asentaron. Sus piedras talladas caracter√≠sticas (raspadores de dos caras, peque√Īos bifaces para fijar, puntas) se encuentran en todas las civilizaciones paleoindias de Am√©rica del Norte. Los mestizos que a√ļn no hab√≠an atravesado Siberia se vieron bloqueados por las duras condiciones clim√°ticas y su viaje se dirigi√≥ hacia el este; aprovecharon estos dos mil a√Īos para inventar un nuevo tipo de herramientas, m√°s elaboradas, utilizando varias capas en un s√≠lex. Tambi√©n desarrollaron la fabricaci√≥n de herramientas de hueso, m√°s ligeras y especializadas: cuchillos, taladros, agujas, cinceles, arpones, √°tlatl. Por lo tanto, este tipo de herramienta no se encontr√≥ en Paleoam√©rica, sino en el este de Asia.

La fabricaci√≥n de herramientas transportables despu√©s del H3 es caracter√≠stica. Los humanos pod√≠an llevarlas de un lugar de residencia a otro. Estos grupos de individuos, inspirados en gran medida en el h√°bitat relativamente permanente de los neandertales, se desplazaban de una zona de caza a otra en funci√≥n de la estaci√≥n del a√Īo, normalmente de una cueva de verano, que ofrec√≠a una amplia vista de las llanuras y los arroyos pescables, a una cueva de invierno protegida de los vientos dominantes pero orientada al sur. Por lo tanto, la ‚Äúgran migraci√≥n‚ÄĚ, al Atl√°ntico y al Pac√≠fico (al norte del Himalaya), termin√≥ alrededor del 30000 a.C. Grupos cada vez m√°s numerosos migraron sobre un vasto territorio ya conocido. Los clanes comenzaron a formarse alrededor de esta √©poca.

Se cree que los grupos M45 fueron los primeros humanos que dieron forma a sus territorios de caza practicando incendios forestales. Al hacerlo, crearon largos ‚Äúcorredores‚ÄĚ de pastizales sin √°rboles, ideales para el pastoreo de mamuts lanudos y renos. As√≠, las migraciones de estos animales pasaban regularmente por estas zonas de caza, cerca de las cuevas habitadas por los M45.

Cada vez que un accidente (ca√≠da de rocas, derrumbe de una cueva, avalanchas, etc√©tera) ha permitido encontrar los huesos de todo un grupo de Homo sapiens u Homo neandertalis; resulta que todos los ‚Äúmachos‚ÄĚ estaban gen√©ticamente muy pr√≥ximos (padre, hijos, hermanos, incluso primos... o t√≠os) cuando todas las ‚Äúhembras‚ÄĚ proced√≠an de grupos familiares gen√©ticamente muy distintos. Los cient√≠ficos concluyen que, para evitar los defectos de consanguinidad, los grupos de cazadores sol√≠an intercambiar a sus hijas. No se sabe si intercambiaban p√ļberes o prep√ļberes. Estos intercambios parecen tan sistem√°ticos que uno imagina que no iban acompa√Īados de violencia y que m√°s bien formaban parte de una norma compartida, parte del modo de vida de la √©poca. Lo que est√° establecido para los Sapiens no lo est√° para los H. Erectus, pero uno puede imaginar que era lo mismo ya que la herencia gen√©tica del H. Erectus que se ha encontrado tampoco muestra una endogamia repetida. Por cierto, esta forma de vida explicar√≠a por qu√© cuando el H. Erectus cruz√≥ el territorio de los neandertales hubo tanta mezcla gen√©tica o por qu√© parece tan plausible la hip√≥tesis de una pandemia que habr√≠a acabado con los sapiens y los neandertales.

El esqueleto del perro domesticado m√°s antiguo que se conoce procede de la cueva de Goyet, en B√©lgica. Datar√≠a del 30000 a.C., por tanto del Paleol√≠tico Superior. Se han encontrado numerosos huesos de perro en toda la regi√≥n de los Alpes, sobre todo en yacimientos lacustres, pero todos tienen menos de 12000 a√Īos de antig√ľedad.

Los antiguos nombres que segmentan los periodos del Paleol√≠tico Superior derivan del nombre de los yacimientos explorados por los arque√≥logos: Auri√Īaciense (del 32500 al 28000 a.C.), Gravetense (del 28000 al 20000 a.C.), Solutreano (del 20000 al 10000 a.C.). El Magdaleniense (del 10000 al 5000 a.C.) corresponde al inicio del Neol√≠tico.

-Migración forestal

Hace 24000 a√Īos, Europa estaba cubierta en su mayor parte por glaciares. Las temperaturas medias del mes m√°s c√°lido solo superaban los 10 ¬įC en unos pocos lugares. La tundra crec√≠a hasta Burdeos o Lyon, rodeada de inmensos desiertos glaciares. Los hielos invernales del √Ārtico se extend√≠an hasta los Pirineos.

Hace 15000 a√Īos el clima comenz√≥ a calentarse: est√°bamos saliendo lentamente de una era glacial. Las tundras se desplazaron hacia el norte, dando paso a estepas herb√°ceas. En el sur de Europa aparecieron algunas manchas de bosque disperso.

Hace 13000 a√Īos, un bosque de con√≠feras cubr√≠a Europa. Muy al sur, en Italia, apareci√≥ un bosque caducifolio.

El s√ļbito enfriamiento del Dryas Reciente pareci√≥ arrasar con todo. Cuando se produjo un calentamiento a√ļn m√°s brutal: el bosque de con√≠feras se desplaz√≥ hacia el norte, el bosque caducifolio se extendi√≥ por gran parte de Europa. En el sur, se asent√≥ el bosque mediterr√°neo.

Hace 5000 a√Īos, los bosques caducifolios se extendieron por toda la Europa templada. El norte se cubri√≥ de con√≠feras. La tundra se limit√≥ a Islandia y Escandinavia.

En los √ļltimos 5000 a√Īos, desde el Diluvio hasta la Revoluci√≥n Industrial, la huella del hombre en el bosque se hizo notar. Al quemarlo y desbrozarlo, modificaron la distribuci√≥n natural y privilegiaron las √ļnicas especies que les parec√≠an √ļtiles. La invenci√≥n del acero, hacia el a√Īo 800, aceler√≥ notablemente la domesticaci√≥n de los paisajes.

Desde los tiempos modernos, la humanidad ha dado prioridad a las tierras agrícolas y a la urbanización, ha invadido el territorio de los bosques.

La migración de los robles sésiles portugueses siguió un eje completo hacia el norte. Los procedentes de los Balcanes se extendieron hacia el oeste a través de Turquía. El oeste de Francia se cubrió entonces de robles portugueses, mientras que los bosques del este y del centro del país son todos de origen balcánico. En cuanto al roble blanco o roble trufado, procedía exclusivamente de Italia.

La progresi√≥n de los robles es impresionante: ¬°3000 km en 3000 a√Īos! Sin embargo, el peso de sus frutos impide que los vientos los esparzan lejos de los extremos de sus ramas bajas. Las ardillas trasladan las bellotas m√°s lejos, pero las hacen est√©riles (con un mordisco) para evitar que germinen sus reservas de invierno. Esta velocidad de propagaci√≥n solo es posible gracias a los arrendajos, que en algunos a√Īos transportan las bellotas a decenas de kil√≥metros.

  • Puntos de referencia cronol√≥gicos aproximados: el sistema solar actual se cre√≥ hace 4500 millones de a√Īos (4.5682), el hombre apareci√≥ hace 4.5 millones de a√Īos (Ardi), el Homo sapiens se extendi√≥ sobre el territorio neandertal hace 45000 a√Īos.
  • La teor√≠a de Milankovitch fue muy criticada hasta que se descubrieron dos historias que confirmaron su impacto: los per√≠odos de transformaci√≥n de los bosques africanos en sabanas, as√≠ como los registros de los niveles de agua en los sedimentos oce√°nicos, en ambos √ļltimos millones de a√Īos, corresponden exactamente a los tres ciclos clave (19 y 23000; 41000 y 100000 a√Īos) de los tres par√°metros astron√≥micos que describe.

Milankovich estudi√≥ las tres rotaciones principales de la tierra alrededor del Sol. La excentricidad representa la larga elipse descrita por la trayectoria orbital de nuestro planeta alrededor del Sol, es una elipse y no un c√≠rculo, por lo que existe una excentricidad con respecto al Sol que se reproduce al id√©ntico seg√ļn un ciclo de 100000 a√Īos (y otro de 413000 a√Īos). La oblicuidad describe la variaci√≥n de la inclinaci√≥n del eje de rotaci√≥n de la tierra entre 21.5 y 24.5¬į en un ciclo de 41000 a√Īos. La precesi√≥n del eje de rotaci√≥n de la tierra describe el cono de 44-49¬į que dibuja en el espacio y determina la migraci√≥n de la posici√≥n de los solsticios y equinoccios (19000 o 23000 a√Īos).

En la actualidad:

  • Excentricidad: Nuestro planeta se encuentra pr√°cticamente en una trayectoria redonda alrededor del sol, ya que se sit√ļa en el extremo de la elipse, m√°s cerca del Sol a 147 millones de kil√≥metros en enero y a 152 millones de kil√≥metros en julio. Por tanto, los contrastes entre las estaciones c√°lidas y fr√≠as son m√≠nimos. A finales del Mesol√≠tico, hace 11500 a√Īos, ocurr√≠a lo contrario: los veranos eran bastante m√°s calurosos y los inviernos bastante m√°s fr√≠os.
  • Oblicuidad: nos encontramos girando en un √°ngulo de 23.4¬į, por lo que las estaciones son moderadamente marcadas y de duraciones equilibradas.
  • Precesi√≥n: Para el hemisferio norte, el solsticio de verano se produce a mayor distancia del Sol que el de invierno (nos calienta relativamente m√°s en invierno y menos en verano).

Obs√©rvese que, seg√ļn estos tres par√°metros, la posici√≥n planetaria de la tierra le confiere actualmente un clima notablemente suave para el hemisferio norte.


Los natufienses

El Holoceno, era geológica, y el Neolítico, era civilizacional, comienzan al mismo tiempo, al final del Dryas Reciente. Es un punto de referencia conveniente entre las diferentes escalas de tiempo definidas por el Servicio Geológico Británico, compuesto por historiadores y paleontólogos. La fecha suele ser el 10000 a.C.

El Holoceno termina cuando comienza el Antropoceno, es decir, cuando la huella del hombre en el planeta se vuelve predominante. Por lo general, su punto de partida se sit√ļa en el a√Īo 2000. Por supuesto, uno encontrar√° cient√≠ficos que declaren que el Servicio Geol√≥gico Brit√°nico est√° compuesto solo por viejos ciegos: ‚Äúel Antropoceno deber√≠a haber comenzado tan pronto como la humanidad supo c√≥mo iniciar los incendios forestales y esclavizar el planeta‚ÄĚ. Admitamos que es m√°s sencillo para todos considerar que el Holoceno comenz√≥ en el 10000 a.C. y termin√≥ en el 2000 d.C., con una duraci√≥n de 12000 a√Īos.

Nuestro planeta no estaba en la misma posici√≥n estelar: orbitaba mucho m√°s lejos del sol que hoy. Hab√≠amos dejado el √öltimo M√°ximo Glacial alrededor del 19000 a.C. Las temperaturas medias en todo el planeta eran como una monta√Īa rusa, pero en su mayor√≠a se dirig√≠an hacia arriba. Este periodo de la historia lleva un nombre revelador: Deglaciaci√≥n.            

En Estados Unidos, las aguas de los glaciares desembocaban en el Golfo de México a través del río Mississippi. En Canadá se estaba formando un lago de agua dulce. Tenía 5000 kilómetros de longitud en el 11400 a.C. De repente, la atmósfera se calentó y el resultado fue un frío intenso: las temperaturas disminuirían hasta acercarse a las del Último Máximo Glacial.

¬ŅEl calentamiento global provoc√≥ una edad de hielo?

Los asteroides chocaron contra la tierra. Al atravesar la atmósfera, la temperatura de estos meteoritos aumenta a medida que la atmósfera se hace más densa cerca del suelo. La mayoría de estas rocas espaciales explotaron a unos pocos kilómetros por encima de Norteamérica. Inmediatamente provocaron enormes incendios forestales. El calor liberado fue suficiente para calentar la atmósfera terrestre. R.B. Firestone descubrió recientemente rastros característicos de este acontecimiento: los incendios habían dejado una capa continua de cenizas sobre Norteamérica. El objeto extraterrestre había traído del espacio polvos de fullerenos, nanodiamantes, iridio y esférulas. El resto probablemente cayó en Groenlandia, cavando un cráter de 30 km de diámetro en el hielo.

Una de estas eyecciones se precipit√≥ en Sept-√éles, en el Golfo de San Lorenzo. Al perforar la capa de hielo, cav√≥ un cr√°ter de 4 km en el suelo. La barrera de hielo Laurentino se derriti√≥ al instante. El inmenso lago glacial canadiense se verti√≥ entonces en el Atl√°ntico Norte. La cantidad de agua fue gigantesca. Fue un cataclismo: durante un siglo, un r√≠o de agua dulce congelada, con un caudal superior al del Amazonas, fluy√≥ hacia el este, al sur de Groenlandia. Ning√ļn r√≠o importante hab√≠a desembocado en esta parte del Canad√° atl√°ntico. La variaci√≥n de la salinidad se desplom√≥. El clima de la tierra dio un vuelco. La circulaci√≥n termohalina del oc√©ano que genera la corriente del Golfo se detuvo. 70000 millones de toneladas de agua, a la temperatura de un cubo de hielo, enfriaron todas las costas del Atl√°ntico Norte. El casquete polar triplic√≥ su superficie. Cubri√≥ los bosques. Los rayos solares, ahora reflejados por esta inmensidad blanca, no pudieron calentar tanto el suelo. Las temperaturas descendieron tanto que la capa de hielo lleg√≥ hasta la costa norte de Espa√Īa. Este periodo glacial se ha denominado ‚ÄúDryas Reciente‚ÄĚ. Dur√≥ casi 1500 a√Īos, desde el 10900 a.C. hasta el 9700 a.C., y provoc√≥ una de las mayores extinciones de especies vivas conocidas.

Bajo las cenizas descubiertas por R.B. Firestone hab√≠a rastros de una civilizaci√≥n humana: la cultura Clovis. Por encima no se encontr√≥ ninguna se√Īal de ella. Por tanto, este pueblo prehist√≥rico no habr√≠a sobrevivido al cataclismo. La megafauna americana tambi√©n hab√≠a desaparecido: el mamut lanudo, el tigre dientes de sable, los mastodontes... Todos los grandes mam√≠feros del hemisferio norte murieron. Si clasificamos las especies animales actuales por su peso, podr√≠amos considerar que las m√°s grandes pesan m√°s de cien libras, en la √©poca del Dryas Reciente lo habr√≠amos expresado en toneladas.                    

Había tanta agua congelada en los continentes que el nivel de los océanos descendió doscientos metros. Los mares ya apenas se evaporaban, lo que provocó una sequía global. El régimen de vientos cambió.

El bosque de Escandinavia se congeló y fue sustituido por la tundra. Se podía caminar sobre terreno seco de Asia a América y de América a Europa.

Los √°rboles ya ni siquiera deten√≠an el viento en las superficies heladas. En el sur de Francia, las temperaturas medias oscilaban probablemente entre -30 ¬įC en invierno y de 5 a 10 ¬įC en la √©poca m√°s calurosa del verano.

Nada en la tierra tiene un impacto tan impresionante sobre la vida o los paisajes como una edad de hielo: grandes masas de hielo cubren las monta√Īas. Enormes capas de sedimentos son empujadas a lo largo de decenas de kil√≥metros, dejando al descubierto la roca desnuda. La vegetaci√≥n muere. Los animales se concentran en su supervivencia. Uno a uno, los humanos ven desaparecer los medios de subsistencia que cre√≠an eternos.

El mundo nunca ha conocido tanto frío desde el Dryas Reciente.

En el sur, la inmensa capa de hielo de la Ant√°rtida, varias veces mayor que la actual, se extend√≠a hacia √Āfrica y Nueva Zelanda y, en invierno, cubr√≠a hasta las islas Desolaci√≥n, las islas Kerguelen. La circulaci√≥n termohalina estaba interrumpida, su corriente no llevaba las aguas fr√≠as del Atl√°ntico norte al oc√©ano Ant√°rtico. El hemisferio sur estaba constantemente fr√≠o, aunque el enfriamiento se sent√≠a m√°s lentamente que en el norte.

En el 9500 a.C.

De repente, toda la tierra se calent√≥ 15¬įC en cuarenta a√Īos.    

Cuatrocientos mil a√Īos de historia clim√°tica registrados por n√ļcleos de hielo nunca han mostrado otro aumento de temperatura de tal intensidad. En pocos a√Īos, la concentraci√≥n de metano en la atm√≥sfera se duplic√≥, las de nitr√≥geno y arg√≥n tambi√©n aumentaron. La concentraci√≥n atmosf√©rica de di√≥xido de carbono alcanza las 240 ppm.

No sabemos con certeza qu√© acontecimientos pudieron provocar un calentamiento tan violento. Se sabe que las temperaturas empezaron a subir en el norte del Atl√°ntico tropical, provocando un importante calentamiento de las mareas superficiales. Veinte a√Īos despu√©s, el term√≥metro hab√≠a subido bruscamente 7 ¬įC en cinco a√Īos. Finalmente, en quince a√Īos, la temperatura media mundial hab√≠a aumentado otros 8 ¬įC. Fue necesario un cataclismo para que el planeta tierra se calentara tan bruscamente.

Una teor√≠a est√°ndar atribuye este calentamiento a un meteorito. Una bola gigante de hielo habr√≠a atravesado la atm√≥sfera. Al llegar sobre el Atl√°ntico Norte, habr√≠a explotado en peque√Īos fragmentos. Cincuenta mil rocas de hielo se habr√≠an estrellado en Norteam√©rica, creando tantos agujeros como los que a√ļn vemos, por ejemplo, en las bah√≠as de Carolina. La energ√≠a liberada por estos impactos habr√≠a desprendido suficiente calor para provocar un calentamiento repentino, causando el fin del Dryas Reciente.

El régimen de lluvias cambió. El monzón desapareció casi por completo de sus territorios habituales. Se fue hacia el sur. El Sáhara había conocido un larguísimo periodo de desertización: se volvió verde, incluso pantanoso. Los cocodrilos y los hipopótamos se instalaron allí.

El ser humano evita las regiones demasiado desérticas. En China y Europa, enormes colinas habían sido despojadas. El loess estaba desnudo. Los glaciares habían arrastrado toda la cubierta vegetal y mineral. Estos desiertos cubiertos de tierra ligera se habían convertido en aceleradores de viento: Eolo había secado la superficie. Su aliento arrastraba las nubes sucias que cubrían el cielo. Este viento ahuyentaba a las aves silvestres. Nuestros antepasados evitaban estas regiones.

Los humanos durante el Dryas Reciente

Durante cientos de miles de a√Īos de evoluci√≥n, los humanos han tenido que enfrentarse a todas las situaciones imaginables en la tierra. La adaptaci√≥n fue la clave de la supervivencia. Al ponerse de pie, la cabeza del Homo se apoyaba ahora en la columna vertebral, lo cual alivi√≥ los m√ļsculos del cuello. El cerebro experiment√≥ un desarrollo espectacular. La corteza prefrontal, donde se asientan las habilidades de planificaci√≥n, se desarroll√≥ a√ļn m√°s, por lo que el volumen de nuestro cr√°neo se expandi√≥ principalmente hacia adelante. Los comportamientos reactivos ya no eran suficientes. Nuestra creatividad superar√≠a la de todos los seres vivos conocidos.

Como en muchas especies, la evoluci√≥n de los machos y las hembras hab√≠a sufrido distintas especializaciones. A medida que el lenguaje de los humanos se hizo m√°s preciso, esta capacidad de comunicaci√≥n transform√≥ estas diferencias en complementariedad. Esto supuso una ventaja importante: el hombre y la mujer eran un equipo. Los vestigios dejados en el Neol√≠tico han mostrado una diferenciaci√≥n de tareas, pero ambos pod√≠an desempe√Īar los dos papeles. Encontramos mujeres muertas por heridas de caza, as√≠ como hombres con herramientas para curtir pieles. El hombre viv√≠a principalmente en la amplitud, deb√≠a estar atento a los ruidos y olores, evaluar los riesgos y peligros, posiblemente avanzar en silencio y luego apreciar la trayectoria de su lanza y sincronizarla, en el espacio, con la de un animal en carrera. La mujer trabajaba principalmente en la aldea gestionando varias tareas a la vez: vigilar el fuego, cuidar de los ni√Īos, realizar su labor, comunicarse con sus hermanas planificando las tareas y percibir el menor peligro. Esto dio lugar a una considerable variaci√≥n en la estructura del cerebro de ambos sexos. La inventiva de las parejas humanas se multiplic√≥ porque combinaron dos puntos de vista y dos conjuntos de habilidades para un mismo fin: la supervivencia del grupo.

La composici√≥n gen√©tica de los grandes simios difiere de la de los humanos en solo un     1.6 %. Esta diferencia asciende al 5 % entre hombres y mujeres. Por lo tanto, el hombre est√° gen√©ticamente m√°s cerca de un gran simio que de una mujer. La mujer est√° gen√©ticamente m√°s cerca de un mono hembra en la misma proporci√≥n. Los ojos de las mujeres tienen un √°ngulo de visi√≥n veinte grados mayor que los de los hombres; los hombres tienen una mejor visi√≥n a distancia, orientada hacia el objetivo. Por supuesto, no se trata de una cuesti√≥n de superioridad, sino de complementariedad la cual se ir√≠a afianzando a medida que mejorara el lenguaje. La mujer neol√≠tica ya estaba m√°s orientada en el tiempo y la comunicaci√≥n que el hombre, que estaba m√°s orientado en el espacio y el rendimiento.

Está generalmente aceptado que el cerebro izquierdo (conceptual) está más desarrollado en la mujer y el derecho (racional) en el hombre, pero el propio grosor del cuerpo calloso de la mujer es un factor determinante pues conecta los cuatro lóbulos del cerebro y permite una mayor actividad multitarea. Las mujeres suelen tener más desarrollados los receptores de proximidad: el oído, el olfato, el tacto, ellas han desarrollado sus sentidos. Un cazador debe saber practicar el silencio, habla poco, mientras que las mujeres utilizan el lenguaje entre ellas como una herramienta eficaz. Para que estas diferencias se convirtieran en complementarias entre los dos sexos, el cerebro humano también se había ampliado considerablemente en el lado del lóbulo frontal. Es una zona importante para todas las interacciones sociales. Entre otras cosas, garantiza la capacidad de imaginar los pensamientos de los demás como diferentes a los nuestros.

La pareja macho-hembra tenía, pues, una inteligencia y una comprensión muy superiores a las de todos los mamíferos. Eso fue necesario para adaptarse con éxito al cambio climático del final del Dryas Reciente.

Los natufienses

El territorio de los natufienses habría abarcado Israel, Palestina y el Líbano. Como la mayoría de los sapiens, eran un pueblo de cazadores-recolectores. Cuando el clima se volvió más frío tras el deshielo de los glaciares, sus presas habituales empezaron a escasear. Durante el recalentamiento del 9500 a.C., se convirtieron en agricultores y crearon la civilización más fantástica de su tiempo.

El clima de la zona mediterr√°nea cambi√≥ a toda velocidad. En dos generaciones, se pas√≥ de ‚Äúfr√≠o y h√ļmedo‚ÄĚ a ‚Äúcaliente y seco‚ÄĚ.  Los densos bosques se secaron, al igual que los r√≠os. Cuando no se mor√≠an de sed, los animales emigraban. Los hombres sol√≠an cazar mucho a los osos, con una red, en los bosques densos. Eso ya no era una opci√≥n. Al final del calentamiento clim√°tico se enfrentar√≠an a los ant√≠lopes en una tierra seca salpicada de troncos desecados.

Los insectos siempre han sufrido y sufrirán mucho más que los humanos el cambio climático. El final del Dryas Reciente fue una hecatombe. Muchas plantas dejaron de ser polinizadas por sus insectos simbióticos. Aquellas cuya fecundación dependía de los movimientos del viento resistieron mejor. Entre ellas se encontraban las hierbas autofecundadas. Estos ancestros de los cereales crecían en largos tallos secos coronados por unos pocos granos. Eso era comestible y aportaba energía. Las semillas y la harina podían conservarse. Los natufienses lo domesticaron.

En el Mediterr√°neo oriental, los mam√≠feros sufr√≠an la falta de agua. Ya no vagaban por la nieve durante los inviernos ni encontraban m√°s arroyos en la estaci√≥n c√°lida. Las aves silvestres se agrupaban en torno a los pocos puntos de agua. La caza fue excelente hasta que estas superficies se volvieron excesivamente pastosas y, con la ayuda de la sequ√≠a, se convirtieron en desiertos. Los reba√Īos se desplazaron hacia el norte, cada vez m√°s lejos. Los humanos tuvieron que elegir entre la carne y el agua. Los natufienses eligieron lo segundo. Empezaron por domesticar el paisaje.

Los natufienses viv√≠an en densos bosques durante la glaciaci√≥n del Dryas Reciente. La recolecci√≥n era abundante. La √ļnica regla era proteger, o incluso replantar, los brotes de cualquier planta valiosa. Se desplazaban regularmente de un vivac a otro, siguiendo los h√°bitos de sus presas. A medida que la sequ√≠a crec√≠a la caza era menos fruct√≠fera, por lo que la recolecci√≥n adquiri√≥ mayor importancia en su dieta. Comenzaron a asentarse junto a los puntos de agua que quedaban, las mujeres recog√≠an los brotes interesantes que encontraban en el bosque y los plantaban cerca de las zonas de acampada. La supervivencia depend√≠a de su territorio de caza, as√≠ que lo proteg√≠an de los intrusos; ahora ten√≠an que proteger los alrededores del punto de agua en el que se hab√≠an asentado, inventando as√≠ la propiedad de la tierra que reclamaban.

Los densos bosques desaparecieron en dos generaciones. Ya no se podían acercar a las presas a cubierto, y las lanzas tenían un alcance limitado. En todo el mundo se utilizaba el átlatl: una pieza de madera curvada la cual tenía la mitad de longitud que la lanza, que se fijaba en un extremo del arma. Permitía aumentar la potencia de envío. El proyectil alcanzaba los 100 km/h y podía matar animales hasta 100 m. Aun así, este lanzador, el átlatl, daba potencia a costa de la precisión.

Los natufienses empezaron a producir arcos en grandes cantidades. Esta decisi√≥n provoc√≥ un gran salto tecnol√≥gico. Muchos cazadores del Paleol√≠tico utilizaban esta arma, pero cada uno fabricaba la suya, por tanto sus propias flechas. Al dedicar un hombre a la producci√≥n de madera (seleccionar, cortar, pulir, reforzar) y otro al corte de las flechas, permitieron la especializaci√≥n de los artesanos. De ah√≠ sigui√≥ la calidad. Y algo mejor, de sus pedernales sacaron una gran roca plana para hacer un marco dedicado a sostener el arco. Permit√≠a que todos los arcos tuvieran la misma longitud y curvatura; con dos cu√Īas de madera, el arma pod√≠a colocarse en posici√≥n de baja tensi√≥n. Resultaba f√°cil repararlo o colocarle una nueva cuerda, la cual estaba hecha de finas tiras de tendones de gacela trenzadas. Esta ‚Äúherramienta de caza‚ÄĚ result√≥ ser muy eficaz: los cazadores disparaban con precisi√≥n a los ant√≠lopes a cien metros de distancia. Los arcos eran id√©nticos y, presumiblemente, estaban hechos de la misma madera, por lo que el peso y la forma de los pedernales que formaban las puntas de las flechas deb√≠an ser constantes. Por lo tanto, era necesario fabricar la piedra de forma precisa, casi id√©ntica, lo que supon√≠a formar a los artesanos en las mejores t√©cnicas. El salto cualitativo fue tan crucial que caracteriza la ‚Äúedad de la piedra astillada‚ÄĚ, el inicio del Paleol√≠tico.

Las mujeres natufienses plantaron bosques de pistachos en hileras. En cada hueco natural colocaron una higuera. Incluso las regaban, ya que solo se han encontrado hojas podridas a sus pies, lo que demuestran que aquellos eran lugares continuamente h√ļmedos lo que permit√≠a cosechas r√©cord. La elecci√≥n de estos dos frutos no debe nada al azar: al secarlos al sol, se conservan de un a√Īo a otro y son muy nutritivos.

En pocas generaciones, durante un violento cambio climático, el pueblo natufiense había ideado una forma de protegerse del hambre. Otros descubrimientos les permitirían inventar el primer esbozo de civilización.

Los pastizales cubrían las llanuras. Cuando estaban maduros, las mujeres natufienses salían con sus cestas durante largas jornadas para recoger los granos. Luego tuvieron la idea de sembrarlos cerca de sus hábitats. Estos fueron los primeros campos. Inventaron la hoz, una herramienta equilibrada y eficaz. Descubrieron que la quema de rastrojos enriquecía la tierra, utilizaron el trenzado de fibras para hacer cestas y aprendieron a tallar la piedra para hacer morteros adecuados.

Para adaptar su h√°bitat al cambio clim√°tico se inspiraron en las madrigueras de los animales. Sus casas, m√°s o menos redondas, med√≠an entre tres y cinco metros de di√°metro. Tambi√©n serv√≠an como lugar de almacenamiento protegido. Por motivos de conservaci√≥n, deb√≠an mantenerse frescas durante la √©poca de calor. Observaron que algunos animales pod√≠an guardar granos en sus madrigueras. Excavaban sus casas en el suelo, alcanzando todas ellas una profundidad de 1.40 metros en la arcilla rocosa, donde la temperatura se mantiene m√°s o menos constante durante todo el a√Īo. Su construcci√≥n requer√≠a un esfuerzo considerable, ya que sus herramientas se limitaban a estacas de madera endurecidas al fuego y, como palas, om√≥platos de animales. Estos h√°bitats estaban cubiertos de ramas sostenidas por algunos palos que serv√≠an de pilares. Sus casas ten√≠an la silueta de un igl√ļ enterrado en tres cuartas partes. El suelo de estos lugares se manten√≠a durante todo el a√Īo a temperaturas cercanas a los 18¬įC. As√≠, su h√°bitat se manten√≠a especialmente templado, fuera cual fuera el clima.

Los pueblos fundadores del Neolítico

En los restos de uno de sus poblados se encontr√≥ una estatua del tama√Īo de un pu√Īo. Representa a una pareja haciendo el amor. Esta escultura de piedra est√° cargada de sentimientos m√°s que de erotismo. Los dos cuerpos se entrelazan tiernamente. El hombre y la mujer est√°n frente a frente. Es la primera expresi√≥n art√≠stica que tuvimos del sentimiento del amor.

En los cementerios los cuerpos estaban profundamente enterrados. Todos estaban tumbados. Su posici√≥n siempre evocaba el descanso eterno. Un tercio de las tumbas descubiertas conten√≠an ni√Īos de entre cinco y siete a√Īos. Las mujeres generalmente mor√≠an en el parto. Los natufienses respetaban a sus muertos. Es posible que hayan desarrollado una protorreligi√≥n.

Se adaptaron bien al nuevo clima y lo hicieron más rápido que sus vecinos. También inventaron las rutas de caravanas y el comercio.

La sequía había puesto a las comunidades en los puntos de agua. Así que podían viajar de uno al otro para intercambiar bienes. Con el intercambio de sus higos secos y sus arcos obtenían de los anatolios piedras siempre afiladas: las obsidianas. Sus caravanas traían huevos de avestruz del valle del Nilo para utilizarlos como contenedores de harina. También importaban malaquita para sus joyas.

Como recorr√≠an cientos de kil√≥metros a pie, necesitaban medios de transporte. Entonces se dieron cuenta de que los perros salvajes estaban tan escasos de comida como antes. Algunos se acercaban a sus pueblos para comer los restos despreciados por los humanos. Los natufienses descubrieron que estos animales juraban voluntariamente lealtad a quien los alimentaba. Les dieron tanto cart√≠lago √≥seo para roer que acabaron domesticando a varios animales. Ten√≠an una calidad auditiva y olfativa muy superior a la de los humanos. Pod√≠an sostener el trineo atado a sus hombros y se convirtieron en excelentes compa√Īeros de cacer√≠a. En uno de los cementerios se encontr√≥ a un hombre enterrado con sus dos c√°nidos. Tambi√©n hay un joven enterrado con su cachorro en brazos. Lazos emocionales se formaron entre los natufienses y sus perros, las primeras mascotas.

El cambio climático de finales del Dryas Reciente había provocado un profundo cambio en la cultura de los natufienses. Su pueblo se había enfrentado a un cambio climático especialmente brutal. En apenas dos generaciones su modo de vida había dado un vuelco. Al inventar la producción en masa y el comercio, conocieron a otros pueblos y el intercambio de conocimientos se hizo sistemático. La artesanía comenzó su edad dorada.

La adaptación del modo de vida natufiense

Durante el Dryas Reciente, estos cazadores-recolectores se hab√≠an adaptado al fr√≠o. Sab√≠an utilizar las pieles de sus presas para protegerse de las temperaturas. Viv√≠an en uno de los bosques m√°s ricos del mundo, el robledal mediterr√°neo. Cruzaban r√≠os que flu√≠an hacia el oeste por todas partes. Los cazadores tra√≠an todo tipo de carne: ciervos, gamos, cerdos salvajes o, el supremo manjar: el oso. Utilizaban principalmente redes de caza para inmovilizar a sus presas y matarlas con lanzas de madera. Atrapaban las presas peque√Īas en trampas. Por ello hab√≠an aprendido a fabricar cuerdas de calidad. Las mujeres natufienses recog√≠an bellotas y guisantes. Hab√≠an aprendido a machacarlos con mortero. Los cocinaban en el fuego, sobre piedras planas. Los tub√©rculos que encontraban los cocinaban en las brasas. No faltaban frutos en estos bosques.

Lleg√≥ la ola de calor. En cinco a√Īos, la temperatura media mundial hab√≠a aumentado 7¬įC. Sin embargo, como las temperaturas en la zona intertropical hab√≠an sido m√°s bajas, el este del Mediterr√°neo debi√≥ experimentar aumentos de m√°s de 10¬įC. Dej√≥ de llover, o casi: ¬°el volumen de lluvia se dividi√≥ entre tres! Aparte de las liebres y los animales de sangre fr√≠a, las presas se desplazaron hacia el norte por su confortable temperatura e higrometr√≠a.

En todo el mundo hab√≠a necesariamente zonas escasamente pobladas, pero ese no era el caso del bosque mediterr√°neo de Levante. Era tan rico en frutos y animales que la densidad humana era alta. Un grupo de cazadores-recolectores necesitaba entre 300 y 500 km2 para vivir all√≠. Afortunadamente, la mayor√≠a de los que cazaban en el interior intentaron mantener su modo de vida: siguieron a las presas hacia el norte. Entonces la regi√≥n se despobl√≥. Esta fue la gran suerte de los natufienses. Cada grupo del clan pudo explotar un territorio de m√°s de 2000 km2.

La adaptación disruptiva del modo de vida natufiense

Hasta entonces, la prioridad de la mayor√≠a de los humanos era la caza, los natufienses hab√≠an decidido permanecer cerca del agua. Ten√≠an que esperar que el clima se recuperara y que las presas volvieran. Nada de esto ocurri√≥. En cinco a√Īos, muchos manantiales y arroyos hab√≠an desaparecido. La vegetaci√≥n baja del bosque empezaba a marchitarse en el suelo. Los animales hab√≠an desaparecido. Los frutos empezaban a agotarse. Todos los conocimientos los hab√≠an recibido de sus padres, pero estos ya no eran v√°lidos: las circunstancias se estaban volviendo demasiado diferentes...

Entonces, la segunda subida de la temperatura complet√≥ lo que la primera hab√≠a empezado. El aire de la regi√≥n de Levante se calent√≥ unos diez grados. Durante el d√≠a, cuando esperaban una temperatura de 25¬įC, ¬°en realidad obten√≠an 35¬įC! Los natufienses empezaron a tener miedo: los reba√Īos se iban, no ten√≠an posibilidad de alcanzarlos. El bosque, del que obten√≠an toda su subsistencia, estaba muriendo a toda velocidad. A pesar de sus esfuerzos, el hambre les acechaba.

Sab√≠an c√≥mo cazar osos, el oso hab√≠a huido y, en general, no quedaban animales para atrapar en sus grandes redes. Pero apareci√≥ una nueva presa, muy feroz: las gacelas. Pod√≠an oler u o√≠r a los cazadores desde muy lejos. No hab√≠a oportunidad de disparar a una corriendo tras ella utilizando la estrategia habitual. Su √ļnica posibilidad era vigilar a sus presas, acecharlas cerca de los √ļltimos abrevaderos que quedaban. All√≠ se concentraban cazadores de diferentes grupos familiares. Acabaron conviviendo con sus familias. Cuando los d√≠as sin carne se multiplicaron, se reunieron y se obligaron a ayudarse mutuamente. Buscaban soluciones juntos. La caza en red ya no era una opci√≥n. Tuvieron que innovar. A medida que la sequ√≠a se instalaba y el bosque se despejaba, las mujeres natufienses hab√≠an notado que los granos silvestres crec√≠an cada vez m√°s. Ciertamente ten√≠an que recorrer enormes distancias con sus piedras de corte y su cesta, pero salvaban a su pueblo de la inanici√≥n. Hab√≠an cambiado su dieta.

Como los grupos familiares viv√≠an ahora juntos alrededor de los √ļltimos pozos de agua, empezaron a construir duros refugios, uno al lado del otro. Cambiaron su forma de vida inventando la aldea. Pod√≠an comparar las habilidades de cada uno y elegir una nueva organizaci√≥n en la que se favorec√≠a la excelencia en cualquier tarea. Esta especializaci√≥n de los dones individuales dio lugar a la aparici√≥n de un nuevo papel: el artesano.

El reparto de tareas entre los artesanos permitió mejorar la calidad y la estandarización de las herramientas. Se descartaron las redes y las lanzas de madera por arcos y flechas mejorados.

Con estas ‚Äúnuevas‚ÄĚ armas, los natufienses pod√≠an cazar manadas de gacelas, caballos y ant√≠lopes. El suministro de carne ya no ser√≠a una preocupaci√≥n. Las mujeres natufienses sembraban alrededor de sus aldeas, domesticando as√≠ los cereales y algunas hortalizas. Una vez que sus plantaciones de pistachos e higueras alcanzaran el m√°ximo rendimiento, volver√≠a a reinar la opulencia alimentaria. Esto permiti√≥ el crecimiento de la artesan√≠a, ya que se necesitaban menos personas para proporcionar alimentos.

Los natufienses aceptaron desechar sus antiguas costumbres para adaptarse a las nuevas condiciones. Se propusieron mejorar lo que ten√≠an invirtiendo en innovaci√≥n. Los mejores artesanos se dedicaron a su oficio. La industria del s√≠lex alcanz√≥ una calidad excepcional para la √©poca y el trabajo cada vez m√°s preciso de los huesos permiti√≥ producir herramientas de alto rendimiento. Se importaban morteros de basalto de 100 kg que se transportaban desde los Altos del Gol√°n. Las conchas tra√≠das se utilizaban para fabricar agujas para anzuelos. Algunas puntas de flecha de s√≠lex fueron lacadas para hacerlas m√°s silenciosas. Utilizaban de todo, desde gacelas hasta roc√≠o de la ma√Īana. Fabricaban redes de pesca, joyas y herramientas. Las piedras talladas se utilizaban para ajustar los arcos que ten√≠an m√°s o menos el mismo tama√Īo y curvatura. As√≠ las flechas eran similares y sus puntas ten√≠an el mismo peso. No solo crearon una herramienta, sino que la produjeron en cantidad, de forma id√©ntica, buscando duplicar las mejores pr√°cticas. Iban hacia una mayor precisi√≥n, intentando mejorar constantemente cada gesto, cada objeto. Cada artesano se especializaba en una parte del conjunto. Se volvieron industriosos.

Los natufienses casi se hab√≠an muerto de hambre. Se hab√≠an visto limitados por el cambio clim√°tico. No tuvieron m√°s remedio que cuestionar su forma de vida ancestral y pusieron toda su energ√≠a en adaptarse a la nueva situaci√≥n. En cuanto se vieron protegidos del hambre, su inventiva revel√≥ su poder. Cambiaron su estilo de vida en menos de cincuenta a√Īos y vivieron m√°s felices que antes.

En general, se considera que los natufienses son la primera civilización. Marcan el paso de los hombres en el Neolítico. Sin embargo, el mismo desplazamiento del monzón hacia el sur, al final del Dryas Reciente, permitió la aparición de otras dos civilizaciones al otro lado del mundo. Estas eligieron exactamente la misma solución para protegerse del hambre: domesticar las plantas. Los natufienses seleccionaron árboles frutales, los mexicanos del Río Balsas comenzaron a hibridar verduras y arbustos, los chinos del valle del Yangtsé injertaron árboles para obtener grandes frutos nutritivos.

El mismo patr√≥n se ha encontrado a lo largo de la historia. Cualquier cambio dr√°stico en la temperatura, o en los patrones de lluvia, cambia la forma de vida de los seres humanos. Las soluciones var√≠an seg√ļn el impacto ambiental y el filtro cultural. Cada vez surge una nueva civilizaci√≥n dominante.

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Más información - Los Natufienses

El Holoceno es una era geol√≥gica que sigue al Pleistoceno (de 2500 a 10000 a√Īos antes de Cristo) y precede al actual Antropoceno (desde el a√Īo 2000), mientras que el Neol√≠tico es una era civilizatoria que sigue al Mesol√≠tico y al Paleol√≠tico. El Calcol√≠tico, o ‚ÄúEdad del Cobre‚ÄĚ, depende de la fecha de difusi√≥n del cobre en cada zona. Corresponde al final del Neol√≠tico y le sigue la Edad del Bronce y luego la Edad del Hierro. La mayor√≠a de las regiones del mundo pasaron directamente a la Edad del Bronce sin haber conocido una Edad del Cobre.

R.B. Firestone publicó en el 2007 un estudio que atribuía el final del Dryas Reciente a un asteroide de 4.6 km de diámetro originado fuera del sistema solar. El impacto principal habría creado el lago Michigan y posiblemente otros grandes lagos. Esto todavía se considera una hipótesis.

La creaci√≥n de las bah√≠as de Carolina no ha podido ser datada. Todas estas depresiones est√°n orientadas, lo que demuestra que fueron creadas por el impacto en tierra de objetos procedentes del noreste del Atl√°ntico. La mayor√≠a se encuentran en Am√©rica del Norte (sobre todo en el estado de Carolina), pero se han visto hasta en B√©lgica. Desde entonces, los glaciares han planeado todas estas regiones, borrando la mayor√≠a de estos rastros. Lo √ļnico cierto es que estos objetos extraterrestres no eran de piedra sino de hielo.

El t√©rmino Neol√≠tico significa ‚Äúpiedra nueva‚ÄĚ. Esta √©poca es, por tanto, la de las piedras talladas con mucha m√°s precisi√≥n. Suele denominarse ‚Äúedad de la piedra pulida‚ÄĚ, pero ser√≠a m√°s preciso llamarla ‚Äúedad de la industria del s√≠lex‚ÄĚ.

Al estar pr√≥ximos ambos trastornos, un error com√ļn es pensar que ‚Äúla nueva piedra‚ÄĚ fue la inventada por el hombre: la terracota. La terracota es el primer gran invento del Neol√≠tico. Permite conservar los granos y los l√≠quidos. Permite la cocci√≥n en agua a fuego lento, que conserva m√°s nutrientes activos que la cocci√≥n en piedra o a la brasa. El uso de la terracota para cocinar mejora considerablemente la cantidad de eficiencia nutricional respecto de la energ√≠a necesaria para recoger los alimentos. En general, se considera que el descubrimiento (y la difusi√≥n) de la terracota gener√≥ una mejora tal en la eficiencia de la digesti√≥n de los alimentos (la ebullici√≥n rompe la mayor parte de las mol√©culas de cadena larga) que permiti√≥ a los hombres j√≥venes especializarse en tareas distintas de la b√ļsqueda de alimentos y, por tanto, soportar la opulencia necesaria para pasar a la Edad del Bronce.

La desaparición del tigre dientes de sable de las latitudes templadas, durante el Dryas Reciente fue una bendición para los humanos. Era su depredador natural. De repente, los hábitats ligeros presentaban mucho menos peligro.

Los arque√≥logos que excavaron las aldeas natufienses han enumerado pozos dentro de las casas. Al parecer hab√≠a uno por pueblo, excavado en el suelo de una de las grandes ‚Äúcasas‚ÄĚ. Uno de estos cient√≠ficos se sinti√≥ conmovido por estas pobres gentes, que hab√≠an hecho considerables esfuerzos para cavar, en el suelo (a -1.40 m) pozos de 3 a 4 metros de profundidad y un metro de di√°metro que, es seguro, siempre han estado perfectamente secos. Este arque√≥logo no hab√≠a previsto la termicidad del lugar: no eran pozos sino enfriadores. Almacenaban el aire m√°s fresco de la noche y, por estratificaci√≥n, su fondo se manten√≠a fresco durante el d√≠a siguiente. Las carnes pod√≠an almacenarse all√≠ incluso cuando las temperaturas de los d√≠as de verano alcanzaban los 40 ¬įC. Se trataba, pues, de espacios de almacenamiento, constantemente frescos, en los que se guardaban las reservas de prote√≠nas.

Para construir sus casas, los natufienses ten√≠an que excavar una tierra dura compuesta de arcilla que encerraba piedras duras, a una profundidad de 1.40 metros. Estamos seguros de saber c√≥mo lo hac√≠an. Se cree que cada noche trasladaban su fuego comunitario ligeramente por encima de lo que iba a ser la siguiente casa. Bajo las brasas, el calor del hogar secaba la arcilla, que se agrietaba y liberaba las piedras. Por la ma√Īana, bastaba una estaca para aflojar las piedras y ensanchar las grietas. Esta explicaci√≥n implica, sin embargo, que al cabo de unos cientos de d√≠as, el fuego, al estar a 1.40 metros m√°s bajo que el suelo, debi√≥ arder poco y, sobre todo, dada la inventiva de los natufienses, uno se asombra de que para observar la relaci√≥n entre el fuego y la arcilla no hayan descubierto finalmente la terracota.

En la cueva de Nanjing (China), las estalactitas muestran la intensidad de los monzones en los √ļltimos 220000 a√Īos. De todos, el periodo m√°s pobre en precipitaciones fue el correspondiente al calentamiento que sigui√≥ al Dryas Reciente.

El periodo en el que los monzones de invierno fueron m√°s severos est√° fechado entre el 780 y el 900 d.C. El fr√≠o y la lluvia pudrieron las cosechas y marcaron el fin de la civilizaci√≥n Tang (en China). Por el contrario, vino acompa√Īado de climas m√°s suaves (m√°s c√°lidos y menos h√ļmedos) en el oeste y el sur de Europa: el auge de las civilizaciones andalus√≠ y vikinga, la creatividad de la Edad Media. Y dio lugar a una sequ√≠a sin precedentes en Mesoam√©rica (incluyendo tres a√Īos sin una gota de lluvia): las principales ciudades mayas se vaciaron, sus pozos se secaron.

Los natufianos hab√≠an domesticado a los perros hacia el a√Īo 9500 a.C. Las cabras fueron domesticadas en Anatolia alrededor de la misma √©poca, aunque probablemente un siglo despu√©s. Las cabras y las ovejas se domesticaron a mayor escala en oriente Pr√≥ximo, ya en el noveno milenio. Las ovejas proced√≠an del borrego cimarr√≥n de Asia Menor, que a su vez proced√≠a del mufl√≥n.

El mufl√≥n, un animal tan poderoso, debi√≥ de ser dif√≠cil de domesticar. Proporcionaba una mercanc√≠a renovable perfecta: la leche. Los hombres neol√≠ticos mostraron, por tanto, una gran constancia. A medida que avanzaba su cautiverio, se observ√≥ que el tama√Īo y la anchura de los hombros del ganado disminu√≠an. Los primeros intentos de cr√≠a documentados tuvieron lugar en Siria en el noveno milenio antes de Cristo. Los del ceb√ļ, en la India, datan del s√©ptimo milenio y los del b√ļfalo asi√°tico ser√≠an del quinto milenio antes de Cristo. La gen√©tica ha demostrado que el 80 % del ganado actual procede de un √ļnico reba√Īo de 80 uros iran√≠es. Se cree que al haber sufrido esta regi√≥n una sequ√≠a de varios siglos, los animales varados en un valle cerrado se habr√≠an adaptado a la falta de agua disminuyendo su tama√Īo. El uro era demasiado poderoso y poco manejable para ser domesticado (Journal of Molecular Biology and Evolution, 2012), era incluso m√°s grande que el bisonte. Hay que tener en cuenta que la gen√©tica a√ļn no ha encontrado la mutaci√≥n (que habr√≠a sido resultado de la epigen√©tica) que explicar√≠a el paso del uro al ganado.

En 11400 a.C. se produjo la √ļltima gran glaciaci√≥n del Cuaternario: el Dryas Reciente. Esta glaciaci√≥n termin√≥ alrededor del 10000 a.C. con un calentamiento incre√≠blemente r√°pido. Alrededor del 50 % de los mam√≠feros de m√°s de 40 kg (incluido el ser humano) hab√≠an desaparecido, no hab√≠an resistido la brutalidad de este cambio clim√°tico.

En el 10000 a.C., la población humana era de entre tres y cinco millones de seres. En el 5000 a.C., era de unos veinte millones de personas. Un crecimiento impresionante atribuido a la sedentarización, por tanto a la higiene, y por tanto a la supervivencia de más infantes.

Varios indicios nos llevan a pensar que la cultura natufiense era un matriarcado.

Se descubrió que las primeras cepas de tuberculosis comenzaron a extenderse a medida que se afianzaban las rutas comerciales. Cuanto más avanza la neolitización, más rastros de tuberculosis se encuentran en los esqueletos (Líbano, Siria, Irán) y más se propagan las enfermedades parasitarias. Se trata de casos puntuales; no se han encontrado pruebas de una epidemia.

El calentamiento catacl√≠smico que sigui√≥ al final del Dryas Reciente tambi√©n derriti√≥ grandes cantidades de glaciares que hab√≠a en la superficie terrestre. El nivel de los oc√©anos subi√≥ diecis√©is metros, a raz√≥n de 40 mm por a√Īo, inundando todas las llanuras costeras del planeta. El Mississippi provoc√≥ una enorme inundaci√≥n en el a√Īo 9650 a.C. Esta subida de las aguas se denomina com√ļnmente ‚ÄúMeltwater Pulse 1B‚ÄĚ, que podr√≠a traducirse como ‚Äúel impulso del agua del deshielo 1B‚ÄĚ. Obs√©rvese que esta fecha la encontramos en Plat√≥n; seg√ļn √©l, los sumos sacerdotes egipcios habr√≠an dicho a Sol√≥n que el Diluvio que caus√≥ la destrucci√≥n de la Atl√°ntida se remontaba a 9000 a√Īos, pero el viaje de Sol√≥n en Egipto databa del 600 a.C.


El evento del kiloa√Īo 8.2

Los n√ļcleos de hielo extra√≠dos de ambos polos de la tierra nos ayudan a comprender los cambios de temperatura a lo largo de 400000 a√Īos. Vemos una sucesi√≥n de glaciaciones m√°s o menos violentas intercaladas con interglaciares que rara vez superan los 3000 a√Īos, y luego, desde el 10000 a.C.: 12000 a√Īos sin una edad de hielo.

Los gr√°ficos que dibujan las variaciones de la temperatura a lo largo del tiempo merecen todas las demostraciones: nuestros antepasados vivieron un per√≠odo dif√≠cil durante el Paleol√≠tico, la curva da grandes saltos, repetidos y brutales, hacia arriba o hacia abajo. Pero cuando observamos su parte m√°s reciente, el Holoceno, vemos con sorpresa variaciones m√°s ajustadas y mucho m√°s cortas, como si se tratara de un improbable periodo interglaciar largo y estable en el que la amplitud de las temperaturas medias m√°ximas nunca supera los 6 ¬įC.

Esta gran estabilidad presenta una llamativa excepci√≥n: una fina l√≠nea que desciende y asciende bruscamente. Generalmente se la conoce por su abreviatura en ingl√©s: ‚Äúthe 8.2 KY event‚ÄĚ (el evento del kiloa√Īo 8.2), ‚Äúel evento que ocurri√≥ hace 8200 a√Īos‚ÄĚ. Es particularmente claro en los sondeos de Groenlandia, pero apenas observable en los de la Ant√°rtida. Esta anomal√≠a clim√°tica fue innegablemente espectacular.

El origen del evento del kiloa√Īo 8.2 se asemeja al del Dryas Reciente

La tierra viv√≠a un periodo c√°lido, llamado acertadamente ‚Äúdeglaciaci√≥n‚ÄĚ: los grandes glaciares se estaban derritiendo. En el norte del continente americano, que cubre todo el actual Canad√°, se estaba formando la capa de hielo de Laurentino, uno de los glaciares m√°s gruesos de la √©poca. Tres grandes c√ļpulas de hielo flu√≠an hacia el sur para formar, en la superficie, los lagos Agassiz y Ojibway.

Estos dos gigantescos lagos ten√≠an una superficie combinada de 1.5 millones de km2 y una profundidad media de 210 m. Atravesaban tres r√≠os: el Mississippi al sur, el San Lorenzo al este y, principalmente, la cuenca del Mackenzie en el noreste de Canad√°. En el r√≠o San Lorenzo, la sedimentaci√≥n era de unos 3.3 cm al a√Īo. De repente, hace 8200 a√Īos, ¬°se dividi√≥ entre 20! La C√ļpula de Hudson acababa de colapsar. Un asteroide habr√≠a golpeado la tierra a trav√©s de este glaciar, cavando un cr√°ter gigantesco, tan grande como Francia, Alemania y los pa√≠ses del Benelux juntos: la Bah√≠a de Hudson.

Entonces, a trav√©s de lo que ahora se conoce como el estrecho de Hudson, 160 billones de toneladas de agua dulce fluyeron hacia el mar del Labrador. Esta enorme cantidad de agua helada se verti√≥ en el lago en solo sesenta a√Īos. El caudal a la salida del lago lleg√≥ a ser cuatro veces mayor que el de todos los r√≠os del mundo juntos. La corriente del Labrador se detuvo en seco. Los oc√©anos se elevaron desde 1.2 metros en el delta del Mississippi, hasta cuatro metros en la desembocadura del Rin, en Alemania.

La impresionante acumulación de agua no salada y helada impidió que la circulación termohalina se adentrara en las profundidades marinas del suroeste de Groenlandia. Afortunadamente, la zona de inmersión de las aguas, por la que comienza la circulación termohalina, se desplazó hacia el este de Groenlandia, lo que nos salvó de una nueva edad de hielo.

Aunque en 180 a√Īos las temperaturas bajaron 1.7 ¬ļC en Ammersee (Alemania), o 2.5 ¬ļC en la cuenca del lago de Annecy, en los Alpes franceses, en promedio, Europa solo se enfri√≥ un grado cent√≠grado.

Todo el Oc√©ano Atl√°ntico Norte se enfriaba considerablemente, sobre todo en el Atl√°ntico Norte oriental. En Groenlandia, el descenso de la temperatura fue inicialmente de 6 ¬įC antes de estabilizarse en torno a los -3.3¬įC durante dos siglos. Los glaciares austriacos y noruegos avanzaron. La masa de aire fr√≠o fue tal que la trayectoria de los monzones se desplaz√≥ unos 1000 km hacia el sur. Se produjo un aumento repentino de las precipitaciones en Am√©rica, pero sobre todo en Europa: hasta 130 mm de precipitaciones anuales adicionales en Annecy (Francia). Por otro lado, Mesopotamia, el √Āfrica subtropical y especialmente el S√°hara se vieron afectados por una intensa sequ√≠a que dur√≥ 250 a√Īos. El monz√≥n disminuy√≥ considerablemente en China, pero result√≥ muy rico en precipitaciones en Brasil e Indonesia.

Aunque de gran violencia, este accidente clim√°tico tuvo finalmente consecuencias infinitamente menores que las del Dryas Reciente. ¬ŅPor qu√©? Porque la circulaci√≥n termohalina no se detuvo.

Los n√ļcleos de hielo nos proporcionan dos pistas: la temperatura y la composici√≥n del aire atrapado en burbujas de hielo. A lo largo de los √ļltimos 400000 a√Īos, ha sido una constante que a cada subida de temperatura le siga, aproximadamente 800 a√Īos despu√©s, un calentamiento de los oc√©anos y un aumento del CO2 en el aire.

Una gota de agua salada que se sumerge en el fondo del oc√©ano, al sur de Groenlandia, tarda unos 800 a√Īos en recorrer todo el circuito de la circulaci√≥n termohalina antes de encontrar su punto de partida. Si est√° m√°s fr√≠a, se sumergir√° un poco m√°s y se encontrar√° 800 a√Īos despu√©s en su punto de partida.

Sin embargo, 800 a√Īos antes del evento del kiloa√Īo 8.2 viv√≠amos en un periodo muy c√°lido: unos 3 ¬įC m√°s que hoy. As√≠, la masa caliente acumulada en las corrientes oce√°nicas se opuso al espectacular enfriamiento del mar del Labrador, impidiendo de nuevo que volvi√©ramos a entrar en el enfriamiento global.

Empero, el enfriamiento de las masas de aire afect√≥ a todo el hemisferio norte, e incluso, en menor medida, a los mares cerrados, como el Mediterr√°neo. El nivel de sus aguas subi√≥ m√°s de un metro, especialmente en la parte turca. Las temperaturas invernales en sus costas descendieron casi 4 ¬ļC y los veranos, muy lluviosos, inundaron los campos. Los registros de polen, otra pista de la naturaleza, en el sur de Europa revelan inundaciones catastr√≥ficas en el sur de Europa, que se repitieron con frecuencia durante casi dos siglos. Estas intensas lluvias asentaron la hambruna de los pueblos neol√≠ticos. Los grandes pueblos de las costas mediterr√°neas se vaciaron, sus habitantes abandonaron sus campos para huir hacia el interior, llevando consigo la esperanza y el conocimiento. En Francia no se ha encontrado rastro de ning√ļn yacimiento mesol√≠tico al sur de Montelimar, como si toda la Riviera hubiera sido desolada por los fr√≠os inviernos y las lluvias estivales. Las islas de C√≥rcega y Cerde√Īa se despoblaron, al igual que Andaluc√≠a y la costa oriental espa√Īola. En la costa mediterr√°nea, los campesinos hab√≠an emigrado, abandonando todo con la esperanza de que, tal vez, m√°s lejos, crecieran las plantas. Algunos de estos exiliados clim√°ticos, procedentes del L√≠bano y de Siria, iban a crear nuevas civilizaciones a lo largo del r√≠o Danubio, hacia Europa Central.

¬ŅC√≥mo es que el impacto de las aguas crecientes dur√≥ casi dos siglos mientras que el flujo de los lagos glaciares dur√≥ solo sesenta a√Īos? Es porque las mareas agravaron el impacto del evento del kiloa√Īo 8.2. A continuaci√≥n, los ciclos de Milankovitch amplificaron el fen√≥meno. Por un error de sincronizaci√≥n, el flujo abrupto de agua congelada de los lagos glaciares de Canad√° se produjo sesenta a√Īos antes del pico del ciclo de 1800 a√Īos, cuando, debido a la posici√≥n de nuestro planeta en el sistema solar, se producen las mareas m√°s potentes. Tanto es as√≠ que durante doscientos a√Īos, enormes mareas invernales, de tres a nueve metros m√°s altas de lo normal, inundaron las costas, debido a ‚Äúla excentricidad de la tierra, la oblicuidad de su rotaci√≥n y la precesi√≥n de los equinoccios‚ÄĚ. En cada ‚Äúgran marea de equinoccio‚ÄĚ durante dos siglos, el agua salada invadi√≥ las zonas costeras y las ahog√≥ en inundaciones catastr√≥ficas. En esos mismos a√Īos, los veranos sufr√≠an lluvias torrenciales en el norte del Mediterr√°neo. Cada uno de estos factores contribuy√≥ al enfriamiento de las temperaturas locales. Sobre todo, el agua del mar, dos veces al a√Īo, ech√≥ por tierra siglos de esfuerzos por establecer la agricultura y la ganader√≠a en estas regiones. Los cercados y los silos fueron arrancados, los canales y los caminos borrados, los pueblos arrasados y las tierras esterilizadas por la sal.

Tenemos una idea clara del impacto del evento del kiloa√Īo 8.2 en la ganader√≠a. Por un lado, hay que tener en cuenta que los criadores neol√≠ticos probablemente intentaron llevar sus reba√Īos en sus migraciones fuera de las costas mediterr√°neas, mientras que, por otro lado, como la agricultura produc√≠a poco, seguramente sacrificaron m√°s animales para alimentarse. Al final, sin embargo, el descenso de metano en la atm√≥sfera fue del 15 %. Por tanto, la matanza de los reba√Īos fue grave.

El estudio de los is√≥topos de ox√≠geno en las estalagmitas de Francia, China y Brasil, muestra que el enfriamiento y el desplazamiento del r√©gimen monz√≥nico dur√≥ de 8200 a 8086 a√Īos antes de hoy, sea cual sea la regi√≥n del globo, con un per√≠odo extremadamente violento hasta 8140.

A continuaci√≥n, las temperaturas aumentaron muy r√°pidamente. Al final del calentamiento volvi√≥ a ser significativamente m√°s c√°lido que el tiempo actual, e incluso m√°s c√°lido que antes del evento del kiloa√Īo 8.2. As√≠ lo demuestra el estudio del glaciar del monte Min√©, en los Alpes suizos: era m√°s corto que el actual, luego experiment√≥ un repentino avance de 8200 a 8175 a√Īos, seguido de un avance m√°s lento y un r√°pido retroceso de 8100 a√Īos antes de la actualidad.

Una migración climática decisiva

Como la circulaci√≥n termohalina no se detuvo del todo, la corriente del Golfo sigui√≥ calent√°ndose al sol del Caribe y pudo contrarrestar el fr√≠o excesivo del Atl√°ntico Norte. Gracias a este proceso, el evento del kiloa√Īo 8.2 fue un acontecimiento corto y violento, pero no un cataclismo global, a lo sumo un impresionante accidente clim√°tico. Afect√≥ fuertemente a las costas del Atl√°ntico Norte -y m√°s significativamente a un mar que no tiene corriente oce√°nica: el mar Mediterr√°neo- pero no tuvo consecuencias devastadoras duraderas para nuestra especie. En efecto, los habitantes de la costa oriental del Mediterr√°neo hicieron lo que siempre hab√≠an hecho sus predecesores sapiens o neandertales cuando el clima hac√≠a inhabitable su entorno: emigrar con mujeres y ni√Īos. Estos exiliados clim√°ticos eran tan numerosos que fueron considerados como un pueblo: los ‚Äúasi√°ticos‚ÄĚ. La gen√©tica demuestra que descend√≠an de los natufienses (Israel) y los mureybetianos (Siria). Por ascendencia y experiencia, se encontraban entre los mejores cultivadores de la √©poca. Hace 8200 a√Īos, los mureybetianos destacaban en el drenaje de pantanos y en la construcci√≥n de sistemas de riego; sol√≠an construir casas ortogonales con piedras angulares unidas con cal, tambi√©n mejoraron las flechas natufienses d√°ndoles una muesca redondeada para la cuerda y puntas con tallos planos y cortos. Cultivaban trigo amil√°ceo, cebada, lentejas y jud√≠as. Viv√≠an bien en sus tierras de Siria y nunca habr√≠an emigrado si no se hubieran visto obligados a hacerlo por las inundaciones.

Se alejaron del Mediterr√°neo, hacia el este, en direcci√≥n a Irak, pasaron al norte del entonces Golfo P√©rsico, y fueron detenidos por el obst√°culo insuperable de los montes Zagros. Estas tierras estaban ocupadas por un pueblo pastoril de origen iran√≠ que intentaba fundir piedras en el fuego. Recorrieron el pie de esa monta√Īa, para atravesar lo que ser√≠a Mesopotamia. Pasaron entre el mar Negro y el mar Caspio y vagaron hasta encontrar una tierra libre, que les conven√≠a. Se establecieron en torno al Danubio. A lo largo de su viaje, los asi√°ticos propagaron sin duda su cultura, ya que eran los mejores cultivadores de su √©poca y dirig√≠an sus reba√Īos. Una vez colonizadas las llanuras del Danubio, los asi√°ticos cultivaron tambi√©n trigo desnudo y criaron algunos bueyes, adem√°s de sus cabras y ovejas. En todas las tierras atravesadas durante este viaje, una gran parte de la poblaci√≥n de cazadores-recolectores se convirti√≥ a la agricultura-ganader√≠a y desarroll√≥ la artesan√≠a.

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El nombre ‚Äúmureybetiano‚ÄĚ procede de las investigaciones arqueol√≥gicas realizadas bajo el pueblo de Mureybet, en el √Čufrates, que se excav√≥ antes de que la zona fuera inundada por el agua de la presa de Assad. El genoma de los mureybetanos, as√≠ como el hecho de que estaban afectados por la misma subespecie de par√°sitos (Taenia madoquae) demuestra que son descendientes de los natufianos. En cuanto a ellos, los arque√≥logos est√°n convencidos de que estaban gobernados por mujeres.

Los mureybetianos brillaron especialmente desde el 9500 a.C. hasta el 6200 a.C., en Siria. Construían edificios redondos, parcialmente enterrados, con techos muy gruesos de paja de hierba que aislaban especialmente bien de la irradiación solar. Las temperaturas interiores debían ser templadas, ya que se trataba principalmente de espacios de almacenamiento en los que los bancos permitían dormir a sus habitantes. En los suelos arenosos de los oasis abandonaron la construcción de piedra por una estructura de madera (y ladrillos de adobe) que seguía llevando estas gruesas capas de paja (50 cm y más). Cuanto más se desarrollaba la artesanía, más se habitaban los espacios interiores y se encalaban las paredes (para evitar los insectos rastreros).

Desde el punto de vista arquitect√≥nico, este periodo (llamado ‚Äúhorizonte PPNA‚ÄĚ) se caracteriza por la construcci√≥n de los primeros proyectos colectivos. A medida que los mureybetianos evolucionan (hasta el final del ‚Äúhorizonte PPNB‚ÄĚ), las aldeas crecen en tama√Īo y estas viviendas colectivas se multiplicar√°n: hay cocinas comunes, silos centrales, hornos centrales destinados a toda la aldea e incluso salas de reuni√≥n comunes (que quiz√°s ten√≠an fines sociales o religiosos). Las construcciones empezaron a tener √°ngulos rectos (en piedras unidas con cal), luego pasaron a ser rectangulares con paredes en cruz. Los muertos eran enterrados bajo las casas. Sus utensilios tambi√©n evolucionaron. Se encontraron herramientas de piedra cada vez m√°s ajustadas a las astas de los ciervos, sofisticadas escobas, ganchos, numerosos recipientes, morteros de piedra volc√°nica, cuchillos de hueso y ganchos de pico con bordes de obsidiana. Importaron astas pulidas de los montes Tauro, as√≠ como agujas de cobre que probablemente proced√≠an de Ir√°n... Primeros cazadores de ant√≠lopes y uros, sus puntas de flecha de piedra (tipo El-Khiam), ya talladas para ser fijadas, se hicieron m√°s delgadas y silenciosas (tipo Helouan). Se cree que los mureybetianos inventaron la primera agricultura verdadera y sembraron campos cultivados. Sus esposas llevaban collares de piedras de colores. A orillas del lago Van, la migraci√≥n de los natufienses y los mureybetianos (asi√°ticos) cruz√≥ el territorio de los mlecchas, el pueblo de la obsidiana. Los mlecchas copiar√°n el estilo de vida de los asianiques. Tras su paso, criaron cabras y ovejas y comenzaron a utilizar la cal y el adobe en sus construcciones.

Los primeros cereales de tallo largo encontrados en China datan del 7900 a.C., sus culturas se habr√≠an extendido por el Yangts√© justo despu√©s del desplazamiento de los monzones debido al enfriamiento del evento del kiloa√Īo 8.2. Los chinos ya criaban cerdos salvajes. En el 7000 a.C., los chinos de las orillas del Yangts√© ya hab√≠an domesticado el arroz (2000 a√Īos antes que Jap√≥n y 4000 a√Īos antes que la India).

La circulación termohalina (de thermo = temperatura y halin = sal) está formada por la secuencia de las grandes corrientes oceánicas del globo. Su circulación permanente se genera por las diferencias de densidad del agua de mar. El agua de mar es más pesada para un mismo volumen si está fría y si está cargada de sal.

El agua es más fría cerca de los polos y cerca de Groenlandia, donde las aguas frías resultantes de la corriente del Golfo (que se han evaporado a través del Caribe) son más saladas. Por tanto, es en esta región donde comienza la circulación termohalina. El agua se sumerge en ella y atraviesa el océano verticalmente hasta alcanzar el nivel de equilibrio de densidad con las aguas circundantes en el fondo.

La circulaci√≥n termohalina comienza (y termina) frente a la costa de Groenlandia: primero corriente fr√≠a profunda: una l√≠nea vertical norte-sur, luego una l√≠nea horizontal oeste-este a lo largo de la Ant√°rtida, un amplio bucle en el oc√©ano √ćndico (donde sube a la superficie y se calienta con el sol tropical) y un enorme bucle en el Pac√≠fico (√≠dem). Se convierte en una corriente superficial c√°lida que dibuja una gran ‚ÄúZ‚ÄĚ en el Atl√°ntico desde el Cabo de Buena Esperanza hasta el Caribe y Breta√Īa, luego una corta l√≠nea recta hacia el norte donde se enfr√≠a considerablemente y llega al sur de Groenlandia... y todo vuelve a empezar.

Si las temperaturas clim√°ticas son bajas (las temperaturas medias sobre la tierra se acercan a los 16 ¬ļC), las temperaturas de esta agua salada polar ser√°n de alrededor de -2 ¬ļC. Se sumerge al este de Groenlandia hasta 3800 m, en la pendiente de la tierra que bordea el Estrecho de Dinamarca o el Mar de Noruega, como una gigantesca catarata de agua densa, a trav√©s de aguas superficiales menos saladas y m√°s c√°lidas (por lo tanto m√°s dilatadas). Por tanto, se proyecta hacia el este por la pendiente del talud continental submarino, es decir, hacia Islandia y el sur de Groenlandia. La potencia de este r√≠o de agua salada es tal que forma una poderosa corriente: la corriente del Labrador.

Si las temperaturas del clima son elevadas (las temperaturas medias en tierra se acercan a los 20 ¬įC), las temperaturas de esta agua salada polar apenas ser√°n negativas. Se sumerge m√°s al norte del mar de Noruega en la cuenca de Groenlandia, donde recibir√° algunas aguas heladas adicionales del √Ārtico. Se sumerge al noreste de Groenlandia hasta una profundidad de 2500 m y es impulsada por la forma de la pendiente del terreno que bordea las islas de Svalbard, a lo largo de la costa oriental de Groenlandia, bajo la corriente de Groenlandia. La corriente del Labrador parte de m√°s lejos, pero tambi√©n forma la corriente del Labrador.

El flujo sigue el talud continental de las costas de Am√©rica del Norte (corriente profunda del Labrador) por las llanuras abisales de Hatteras y Nares (pasa muy por debajo de la corriente del Golfo), luego contin√ļa por la llanura abisal de Cear√° antes de alcanzar la vertiente brasile√Īa hacia el cabo de San Roque y continuar su recorrido, hacia el sur, por la llanura abisal de Pernambuco hasta unirse a la circulaci√≥n circumpolar ant√°rtica en el mar de Weddell. Estas aguas muy fr√≠as y saladas (m√°s de 3.5 g/l) se dirigen entonces, todav√≠a en la gran llanura abisal, hacia el este y el sur de Nueva Zelanda pero, despu√©s del cabo de Buena Esperanza, se dividen en dos ramas: la primera sube por el este de Madagascar hacia el oc√©ano √ćndico mientras sube hacia la superficie, al tiempo que se calienta, gira en el sentido de las agujas del reloj y recorre el golfo de Bengala antes de volver al cabo de Buena Esperanza, pero entonces se convirti√≥ en una corriente c√°lida de superficie; la segunda rama pasa por el sur de Nueva Zelanda y atraviesa el Pac√≠fico occidental evitando las islas Haw√°i, mientras sube hacia la superficie y se calienta. Tambi√©n se ha convertido en una corriente c√°lida de superficie que pasa al norte de Australia y se une a la primera rama al este del Cabo de Buena Esperanza en el oc√©ano √ćndico. Las dos corrientes c√°lidas de superficie pasan por encima de la primera rama de la corriente fr√≠a profunda y bordean el cabo de Buena Esperanza, desde donde cruzan el Atl√°ntico sur, en diagonal, y se unen al Caribe. All√≠ se calientan, cruzan el sur del Atl√°ntico Norte, de nuevo en diagonal, y ba√Īan el sur de Europa Occidental (Breta√Īa, Gran Breta√Īa) antes de llegar al mar de Noruega y reiniciar su viaje. Esto es la circulaci√≥n termohalina. Un r√≠o oce√°nico continuo cuya alta densidad de sal le permite transportar el equivalente a cuatro veces el caudal acumulado de todos los r√≠os del mundo a trav√©s de todos los oc√©anos del globo. A una velocidad media de alrededor de un mil√≠metro por segundo, su caudal de 68 billones de toneladas de agua por hora enfr√≠a los oc√©anos tropicales y el este de Estados Unidos. Calienta el oeste de Europa y el oeste de Sudam√©rica. Esta circulaci√≥n es esencial para nuestro clima.

En Storegga, en el mar de Noruega, se produjo un enorme corrimiento de tierras hace unos 8200 a√Īos (la dataci√≥n por carbono 14 no puede ser precisa en este momento). Algunos cient√≠ficos creen que el desprendimiento submarino fue provocado en √ļltima instancia por la onda expansiva del impacto del asteroide en la C√ļpula de Hudson que desencaden√≥ el evento del kiloa√Īo 8.2. Dos plataformas continentales se derrumbaron sucesivamente y se vertieron hacia el abismo, desde el sureste hasta el noroeste. En la superficie, la primera desencaden√≥ el tsunami m√°s potente de la historia. En el fondo del oc√©ano, 7 billones de toneladas (3500 km3) de tierra, guijarros y arena se derrumbaron en la ladera, creando un corredor de escombros submarino de 300 km de ancho y 800 km de largo. Se calcul√≥ que la ola del tsunami ten√≠a 21 metros de altura y un oleaje de 126 km/h. En Escocia ha dejado huellas hasta 80 km tierra adentro. Todas las costas del mar del Norte quedaron devastadas y la poblaci√≥n habr√≠a sido aniquilada en las Islas Feroe y Doggerland (la vasta llanura que, en aquella √©poca, un√≠a el Reino Unido, Francia, Holanda y Dinamarca). El posterior dep√≥sito de arena tiene 72 cm de altura en la costa oriental de Groenlandia. Por lo tanto, el flujo submarino de lodo barri√≥ el sur de la zona donde se sumergi√≥ el agua que inici√≥ la circulaci√≥n termohalina.

Por lo tanto, durante el evento del kiloa√Īo 8.2, el oeste de Groenlandia fue laminado por la gigantesca corriente de agua dulce no salada procedente del flujo de los lagos glaciares, mientras que el fondo oce√°nico del sur de Groenlandia recibi√≥ una enorme avalancha de arena y rocas noruegas. Sin embargo, la circulaci√≥n termohalina no se detuvo. ¬ŅC√≥mo ha sido posible? La circulaci√≥n termohalina llev√≥ sus aguas saladas y fr√≠as al este de Groenlandia, 1000 metros por encima del desprendimiento de Storegga, ya que en esta zona sigue siendo una corriente superficial que se enfr√≠a con aire polar. Cuando las aguas saladas de la circulaci√≥n termohalina se sumergieron entonces, en gran parte al norte de Storegga, se unieron a las costas de Am√©rica del Norte formando la corriente del Labrador, a ras del suelo oce√°nico, y al hacerlo pasaron ampliamente por debajo del agua dulce procedente del deshielo de los glaciares. En otras palabras: la circulaci√≥n termohalina no se ha detenido porque su agua mucho m√°s salada y fr√≠a (-2 ¬ļC), siendo mucho m√°s densa que la del agua dulce (a la temperatura de un cubo de hielo), encontr√≥ su equilibrio de densidad mucho m√°s profundo en el oc√©ano (presumiblemente unos 2000 metros m√°s abajo).

La isla de Chipre estaba poblada por pastores-agricultores que formaban ‚Äúla civilizaci√≥n no-terracota del Neol√≠tico‚ÄĚ, porque nunca descubrieron la cer√°mica. Desaparecieron por completo durante las inundaciones del evento del kiloa√Īo 8.2. Pasaron m√°s de 1500 a√Īos antes de que la isla volviera a estar poblada. Se sabe que esta civilizaci√≥n fue aparentemente la primera en domesticar gatos (6500 a.C.) y una de las primeras en cavar pozos profundos (en respuesta a la gran sequ√≠a de finales del Dryas Reciente, alrededor de 10500 a.C.).


El Diluvio

El 12 de julio de 1562, Diego de Landa, obispo cat√≥lico de Yucat√°n, decidi√≥ quemar todos los libros mayas por promover creencias religiosas potencialmente err√≥neas. Este gigantesco auto de fe destruy√≥ miles de a√Īos de estudios astron√≥micos. Al final, se conservaron unas pocas docenas de p√°ginas, especialmente coloridas, que fueron enviadas al Viejo Continente. Forman cuatro c√≥dices conservados en Par√≠s, Dresde, Madrid y el Vaticano.

En Dresde, un tal Ernst F√∂rstemann, bibliotecario y ling√ľista, comenz√≥ a estudiar el C√≥dice que ten√≠a en su poder. En 1894 logr√≥ descifrar el sistema del calendario maya. Los astr√≥nomos modernos siguen asombrados por el hecho de que, a lo largo de 5000 a√Īos, los errores acumulados de este ‚Äúcalendario maya‚ÄĚ apenas ascendieron a unos pocos segundos. La ‚Äúcuenta larga‚ÄĚ, descubrimos, comenz√≥ el 8 de agosto de 3114 a.C.

En mayo de 1945, Yuri Knorozov, un h√©roe militar ruso, particip√≥ en la ‚ÄúBatalla por la Liberaci√≥n de Berl√≠n‚ÄĚ. En las ruinas humeantes de la Biblioteca Nacional recogi√≥ un peque√Īo libro ilustrado en blanco y negro que hab√≠a escapado milagrosamente de las llamas. Era una reproducci√≥n de los tres principales c√≥dices mayas. El libro afirmaba que la escritura maya probablemente nunca ser√≠a descifrada. Cuando termin√≥ la guerra, Yuri se meti√≥ en el juego y dedic√≥ su vida a descifrar el c√≥digo. No fue hasta alrededor del a√Īo 2000 cuando el estadounidense David Stuart consigui√≥ descifrar este complejo sistema de escritura. Comprendi√≥ que los glifos pueden representar s√≠labas o ideas y que pueden leerse fon√©ticamente, como un rebus. Esto, dependiendo de la destreza y los h√°bitos de cada escriba, permit√≠a utilizar varios hom√≥nimos, lo que hac√≠a a√ļn m√°s compleja la lectura de esta escritura que, sin previo aviso, mezclaba fonogramas, pictogramas e ideogramas.

As√≠ descubrimos que el 8 de agosto del a√Īo 3114 a.C. fue la fecha del ‚ÄúGran Diluvio‚ÄĚ, lo que llam√≥ la atenci√≥n de... casi nadie. La precisi√≥n del calendario maya es tal que no hay raz√≥n para dudar de esta misma fecha, dada por los Sumos Sacerdotes. Otras fuentes la apoyan.

En la Biblia, el libro del G√©nesis (11,7) afirma que el Diluvio ocurri√≥ en el a√Īo 600 de la vida de No√©, lo que no nos da ninguna informaci√≥n v√°lida, dada la incre√≠ble longevidad que la Biblia concede a algunos de sus h√©roes. Pero, si el calendario hebreo no se basaba en un a√Īo de 364 d√≠as sino en un a√Īo completo de 365.25 d√≠as, entonces el inicio de este calendario corresponder√≠a a la fecha dada por los mayas. En cuanto a Besorus, un historiador caldeo, hab√≠a fechado el Diluvio en el decimoquinto d√≠a del mes de Daisios, el 15 de junio de 3116 a.C. Su calendario no era tan preciso como el de los mayas.

Alrededor de 1920, una misi√≥n estadounidense excav√≥ un pozo en el valle del √Čufrates. Encontraron fragmentos de cer√°mica y un trozo de hierro fechado aproximadamente en el 3100 a.C. Los arque√≥logos siguieron excavando a trav√©s de tres metros de limo. Conten√≠a restos de peque√Īos animales del fondo marino. La sorpresa fue que, justo debajo, descubrieron cer√°mica de otro origen, notoriamente m√°s elaborada pero sin hierro. Esta √ļltima capa era apenas m√°s antigua que la primera.

Tras una cat√°strofe como la de la inundaci√≥n, todo habr√≠a quedado destruido; habr√≠a sido necesario reconstruir. Por tanto, todas las civilizaciones posteriores a la inundaci√≥n deber√≠an nacer m√°s o menos simult√°neamente. Esto es lo que vemos con una aproximaci√≥n de diez a√Īos: la primera dinast√≠a egipcia fue fundada hacia el 3110 a.C. por un rey venido de las altas mesetas del sur del Nilo; Oannes fund√≥ la civilizaci√≥n sumeria hacia el 3112 a.C., llegando desde Eritrea en un barco cubierto; en China, la cultura de Xiaoheyan, mucho m√°s rudimentaria, sustituye a la de Hongshan; comienza la Edad de Bronce Antigua; los protoirlandeses inician la construcci√≥n del primer observatorio celeste en New Grange, se construye el pueblo de Sakara Brae; Malta comienza sus construcciones megal√≠ticas; aparece la civilizaci√≥n minoica; Taiw√°n comienza la colonizaci√≥n de las islas vecinas; etc.

Mito o realidad

Tras la lectura de un texto maya tallado en el frontón del portal de Palenque, nos enteramos de que una de las consecuencias del Diluvio habría sido una nueva organización cosmológica.

En el c√≥dice Dresde el Diluvio est√° representado principalmente por una corriente de agua incre√≠blemente poderosa que contiene peces y conchas. Su representaci√≥n es similar a la del c√≥dice Vaticano, pero el escriba a√Īadi√≥ una explosi√≥n primordial y, en otra p√°gina, una ola gigantesca. Los detalles relatados en los c√≥dices de Dresde y Madrid son demasiado numerosos para describir una simple inundaci√≥n, aunque sea un cataclismo: un eclipse duradero, rel√°mpagos, volcanes en erupci√≥n, niebla cegadora, un tsunami, muertes de todo tipo y, a continuaci√≥n, √°rboles que crecen en las cuatro esquinas de un nuevo mundo donde el cosmos ha cambiado. El Diluvio ser√≠a, pues, solo un componente de un cataclismo m√°s complejo.

Para entender lo que ocurri√≥, veamos el presente. Dada la magnitud de estos fen√≥menos, solo podemos pensar que ha dejado huellas geol√≥gicas a√ļn visibles.

Para recopilar datos cient√≠ficos con m√°s de 5000 a√Īos de antig√ľedad, se realizan c√°lculos astron√≥micos y se toman muestras mediante perforaciones en el hielo o en lechos de foramin√≠feros, uno de los caparazones fosilizados m√°s abundantes de la tierra.

El c√°lculo muestra que el 8 de agosto del a√Īo 3114 a.C. no hubo un eclipse de sol. Sin embargo, en esa fecha, los n√ļcleos de hielo tomados en el √Ārtico y el Ant√°rtico revelan un importante accidente clim√°tico llamado ‚ÄúOscilaci√≥n de Piora‚ÄĚ. En el Golfo de M√©xico, los estudios de los foramin√≠feros muestran un descenso muy breve y muy violento de la salinidad. Por otra parte, peque√Īos roedores ahogados en sus madrigueras muestran que el nivel del mar subi√≥ bruscamente 120 metros. Esos muchos indicios revelan que esta inundaci√≥n no es solo un mito, sino que se trata de un accidente clim√°tico de gran magnitud.

Nuestras fuentes no son muy precisas en el tiempo. Un metro de n√ļcleo de hielo, o de dep√≥sito foramin√≠fero, representa varios siglos. Por tanto, debemos multiplicar los an√°lisis y cotejar las fuentes para garantizar la validez de nuestra investigaci√≥n. Busquemos, pues, en las entra√Īas de Siberia. El estudio de las muestras de hielo tomadas a partir del 3114 a.C. revela una curiosa l√≠nea de color. Este brev√≠simo episodio, en el que el hielo est√° sorprendentemente manchado, revela polvo y diminutos residuos vegetales bajo el microscopio. En Groenlandia (GISP 2, el Proyecto Inlandsis), unos a√Īos despu√©s del cambio en el contenido de polvo, el exceso de deuterio en las burbujas de aire cautivo pasa de un nivel de hielo a un nivel interglaciar en menos de cinco a√Īos. Este hecho atestigua una reorganizaci√≥n excepcionalmente r√°pida de la circulaci√≥n atmosf√©rica tropical (ENSO) y luego polar (sub-boreal). En otras palabras: se produce un cambio repentino del r√©gimen de lluvias, un fuerte aumento de la humedad y un violento descenso de la temperatura. Las mismas burbujas muestran un fuerte pico de metano y sulfatos en el 3100 a.C. (m√°s o menos 100 a√Īos).

En esa √©poca, el brutal enfriamiento de las estepas asi√°ticas provoc√≥ la desaparici√≥n de la ganader√≠a en favor de los caballos. En todo el mundo el l√≠mite de crecimiento de los √°rboles descendi√≥ m√°s de cien metros. Los glaciares avanzaron en los Alpes pero desaparecieron en Am√©rica del Norte, los niveles de polen de los √°rboles en el aire descendieron bruscamente, el S√°hara se sec√≥ mucho m√°s r√°pido, el nivel del mar Muerto subi√≥ 120 metros... Todos estos elementos coinciden: hacia el 3114 a.C. se produjo un extra√Īo acontecimiento clim√°tico de gran envergadura.

Testimonios

Existe una gran cantidad de narraciones que describen el Diluvio. Se trata de relatos chinos, mayas, muiscas, asirios, tesalios, aleutianos, pap√ļes, malayos, lituanos, egipcios, guatemaltecos, brit√°nicos, camulcos, armenios, jud√≠os, indios, zapotecas y unos cientos m√°s. La mayor√≠a de estos relatos describen una lluvia continua que habr√≠a durado seis d√≠as y seis noches. Con diferentes √°ngulos de visi√≥n en cada regi√≥n del mundo, en algunos de ellos se hace referencia a enormes fuentes que brotaban de la tierra. Otros describen olas gigantescas. Todos estos relatos tienen algo en com√ļn: describen un desastre.

Estos testimonios son principalmente cuentos, leyendas o canciones tradicionales cuya transcripci√≥n lleg√≥ m√°s tarde en forma de textos escritos. Es cierto que, en aquella √©poca, los medios de comunicaci√≥n eran limitados, lo que sugiere que si los iakuts siberianos describen el mismo acontecimiento que los asirios o los tahitianos y los egipcios o los chinos y los pap√ļes, es porque este cataclismo fue mundial.

Los testimonios difieren en sus puntos de vista. Algunos asocian el Diluvio con los volcanes, otros con el fr√≠o, otros con una noche anormalmente larga, otros con olas ardientes... Estos matices dan credibilidad a la autenticidad de cada mensaje. Sin embargo, a nivel regional, se pueden encontrar narraciones extra√Īamente similares, ya sea porque algunas cat√°strofes fueron m√°s llamativas que en otros lugares, o porque la transmisi√≥n oral de generaci√≥n en generaci√≥n acab√≥ por contaminar el relato de su pueblo, o incluso porque las narraciones vecinas influyeron en ella. Por ejemplo, dado que Abraham era mesopot√°mico y hab√≠a pasado por Ur, es posible que los textos b√≠blicos se hayan inspirado en un relato m√°s antiguo, el sumerio, que es el que nos proporciona m√°s detalles (leyenda de Ziusudra).

Puede sorprender el n√ļmero de testimonios pero, si la cat√°strofe fue tan violenta, es comprensible que cada generaci√≥n quisiera que su descendencia la recordara. Por lo general, las deidades se integraron en la narraci√≥n, lo que evita dar detalles precisos sobre causas que nadie de la √©poca pod√≠a entender.

Clasificación de los testimonios

El criterio más relevante para clasificar los testimonios resulta ser el geográfico. Tiene la ventaja de agrupar relatos similares. Su comparación permite entonces eliminar ciertas modificaciones posteriores.

Por ejemplo, jud√≠os, asirios, mesopot√°micos y sumerios -los pueblos mediterr√°neos- han transcrito relatos similares del Diluvio. Sin embargo, la Tor√° describe cuarenta d√≠as de lluvia cuando los dem√°s cuentan seis. Sin embargo, la Tor√° es un texto religioso cuyo uso frecuente del simbolismo de los n√ļmeros puede haber prevalecido sobre la transcripci√≥n fiel del texto original.

Otro ejemplo es que solo los textos de esta regi√≥n hablan de columnas de agua que brotan de los pozos. M√°s al oeste, los griegos informan de una r√°pida aspiraci√≥n de agua por los pozos. Por tanto, podr√≠a indicar el colapso de una bolsa de agua f√≥sil que descargaba agua desde el este mientras la aspiraba desde el oeste. Sin embargo, los asirios no evocan las trombas de agua que brotan de sus pozos. El libro del rey de Babilonia se√Īala esencialmente que una ola que subi√≥ al cielo lo sumergi√≥ todo. Al igual que los pueblos del c√≠rculo polar, que informan de gigantescos maremotos.

En América Latina, desde Argentina hasta México, los textos evocan erupciones volcánicas de las que solo se ven las consecuencias: los mexicanos hablan de lluvias resinosas, luego negras. Los argentinos y peruanos describen gotas de lluvia que queman la piel. Ninguno de ellos evoca la lava o una columna de humo.

De Grecia a la India, pasando por Mesopotamia y Pakist√°n, la salvaci√≥n vendr√≠a de la construcci√≥n de la mayor embarcaci√≥n cubierta de la antig√ľedad. Todos estos textos describen los mismos cuatro hechos: tras una se√Īal divina premonitoria, se construy√≥ un barco gigante que fue objeto del sarcasmo. Comenz√≥ a llover continuamente sobre un mar embravecido, las aguas subieron, acabando por arrastrar todo. El barco encall√≥ en una monta√Īa y finalmente se envi√≥ un p√°jaro para saber si la inundaci√≥n hab√≠a terminado.

La abundancia de textos que declaran que todos est√°n muertos es impresionante. Todos proceden de las regiones bajas de los continentes. En Australia, todos habr√≠an perecido, salvo unos pocos afortunados en la cima de las monta√Īas en el extremo sur del continente. En Timor, se dice que cuando las aguas retrocedieron, solo sobrevivi√≥ una familia. Todas las historias de los indios de las Grandes Llanuras de Norteam√©rica dec√≠an que no hubo supervivientes: sus antepasados habr√≠an llegado desde el este a lomos de tortugas gigantes. Las leyendas de √Āfrica occidental son un√°nimes: desde N√≠ger hasta Namibia, nadie hab√≠a escapado de las aguas, sino que hab√≠an llegado parejas desde el este, en barcos, que hab√≠an rehecho el mundo.

Lógicamente, aparte de algunas islas, ninguna narración viene de los océanos o de la Antártida. Más sorprendente parece el hecho de que no haya testimonios del sur de Groenlandia o del norte de América. En cambio, muchos pueblos siberianos conservaron el recuerdo del Diluvio en su tradición oral y describieron grandes olas de agua hirviendo.

Todos estos testimonios son espectaculares. Los hombres de esta √©poca no pod√≠an entender lo que hab√≠a sucedido. Su mundo consist√≠a en pescar o cazar o, para algunos, en criar animales o cultivar. Como siempre, cuando no entend√≠an, recurr√≠an a sus sacerdotes, a sus mayores. ¬ŅC√≥mo explicar semejante desastre sin invocar lo desconocido, sin recurrir al inmenso poder de los dioses? ¬ŅC√≥mo explicar el Diluvio? Esto dio lugar a explicaciones poco cient√≠ficas, pero algunas de ellas son res√ļmenes bellamente ilustrados, como la leyenda de los pueblos de Ocean√≠a que relata: ‚ÄúUn d√≠a, surgi√≥ una terrible disputa entre el Dios del fuego y el Dios del agua. Ambos quer√≠an castigar a la humanidad porque no los hab√≠a adorado lo suficiente. Entonces el primero lanz√≥ bolas de fuego sobre la tierra. El segundo, furioso por haber sido sorprendido con la guardia abajo, lanz√≥ agua sobre la tierra para apagar el fuego. Y luego, para castigar a los hombres, volvi√≥ a lanzar agua.‚ÄĚ

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Testimonios detallados

Un relato tradicional de los abor√≠genes australianos cuenta que ‚Äúlas aguas subieron tanto que solo se ve√≠an los picos m√°s altos de las monta√Īas m√°s altas. Parec√≠an islas en el mar‚ÄĚ.

Seg√ļn la saga noruega de Orknerynga: ‚ÄúLa luz del sol se volvi√≥ negra, la tierra se hundi√≥ bajo las p√°lidas aguas del mar. Desde el cielo, las estrellas se inclinaron (...)‚ÄĚ.

Los pap√ļes cuentan que ‚Äúla tierra se movi√≥ bajo sus pies y las vasijas se volcaron, por lo que el mar se elev√≥ lejos, muy, muy lejos. Y la noche fue larga, muy, muy larga. Y el viento sopl√≥ y gir√≥ y sopl√≥ y volvi√≥ a girar. Cuando el mar se puso de nuevo en marcha, no hab√≠a ning√ļn √°rbol, excepto en la cima, en lo m√°s alto de las monta√Īas‚ÄĚ.

Los washo explican que los terremotos fueron tan violentos que la monta√Īa de su isla empez√≥ a temblar y luego se incendi√≥. Las llamas se elevaron tanto que fundieron las estrellas. Algunas cayeron a la tierra. Otras cayeron al mar y provocaron un Diluvio universal que extingui√≥ las llamas, pero casi aniquil√≥ a la humanidad.

Hay muchos testimonios de este tipo en los que solo quedan breves textos que describen lo esencial. Generalmente proceden de regiones en las que la aparición de la escritura fue relativamente tardía. Como si el tiempo hubiera acabado por borrar los detalles. En cambio, los mayas, los chinos, los egipcios, los indios o los mesopotámicos, al haber transcrito rápidamente las tradiciones orales, sus textos son mucho más detallados.

Desde el auto de fe espa√Īol, los descendientes de los sacerdotes mayas transmitieron oralmente el Libro Sagrado que primero hab√≠an transcrito: el Popol Vuh. Un texto describe la inundaci√≥n: ‚ÄúOcurri√≥ un gran Diluvio que cay√≥ sobre las cabezas de las criaturas (...) y por esta raz√≥n murieron. Una pesada resina cay√≥ del cielo (...). Y debido a esto, la faz de la tierra se oscureci√≥ y comenz√≥ a caer una lluvia negra, d√≠a tras d√≠a, noche tras noche (...). En estos tiempos, las nubes y la penumbra cubrieron toda la tierra. Ya no hab√≠a sol (...). El cielo y la tierra segu√≠an existiendo, pero los rostros del Sol y la Luna estaban velados (...). El sol ya no aparec√≠a, ni la luna, ni las estrellas, y ya no amanec√≠a (...) y todo esto sucedi√≥ cuando lleg√≥ el Diluvio (...). No pod√≠an soportar el fr√≠o y el hielo por mucho tiempo; temblaban y les casta√Īeteaban los dientes, estaban entumecidos; les temblaban las piernas y las manos (...) hubo granizo, lluvia negra y niebla, y un fr√≠o indescriptible (...)‚ÄĚ. Y tambi√©n: ‚ÄúEn los d√≠as de los antiguos, la tierra se oscureci√≥ (...). El sol era todav√≠a brillante y claro, y luego, cuando lleg√≥ al cenit, se oscureci√≥. La luz del sol volvi√≥ a ser pura solo veintis√©is a√Īos despu√©s del gran Diluvio‚ÄĚ.

Las diferentes versiones que provienen de la India aportan detalles adicionales sobre el curso del Diluvio: ‚ÄúLas tormentas hab√≠an ca√≠do al amanecer, ven√≠an del sur y del este. El dios de la Tormenta hab√≠a transformado la luz del d√≠a en tinieblas y hab√≠a destrozado repentinamente la tierra. La tormenta hab√≠a arreciado tanto un d√≠a que un hombre ya no pod√≠a ver a quien ten√≠a al lado. La inundaci√≥n hab√≠a sido tan aterradora que hasta los dioses tuvieron miedo. Luego, durante seis d√≠as, la tormenta y el Diluvio se ensa√Īaron como ej√©rcitos en batalla. Al amanecer del s√©ptimo d√≠a, la tormenta hab√≠a cesado. El mar se hab√≠a calmado. El Diluvio se hab√≠a calmado. Toda la humanidad se hab√≠a convertido en arcilla. Era el desierto del agua.‚ÄĚ Por supuesto, Vishnu hab√≠a tomado previamente la forma de un pez, lo que le permit√≠a salvar a la gente.

En muchos relatos, la narraci√≥n, aunque relacionada con el Diluvio, parece contentarse con describir un epifen√≥meno observado por el narrador. El siguiente texto no es una excepci√≥n, sin embargo, si se examina con detenimiento, revela una clave crucial para el enigma. Proviene de las monta√Īas del sur de la India: ‚ÄúEn el cielo apareci√≥ un ser del tama√Īo de un peque√Īo jabal√≠, de color blanco. En una hora, este ser se hizo tan grande como un gran elefante. Segu√≠a en el aire. De repente, hubo como un enorme trueno que reson√≥ hasta el final del Universo. El ser agit√≥ sus grandes orejas y su pelo. Levant√≥ sus dos colmillos, eran tan blancos que brillaban. Luego rod√≥ hacia un lado y vimos su gran cola como si estuviera encima de √©l, baj√≥ del cielo y se zambull√≥ de cabeza en el agua. Todo el mar se agit√≥ bajo el golpe y se levantaron enormes olas.‚ÄĚ

Este Objeto Volador No Identificado, que él confundió con un jabalí celeste, voló directamente hacia el observador. Es de suponer que no podía creer lo que veían sus ojos. Vivía al final de la prehistoria, puede que no imaginara la existencia de Marte o de hombrecillos verdes. Entonces describía lo que veía lo mejor posible. Su marco de referencia era el de su vida cotidiana: la caza. Cuando el cometa se acercó a él, no pudo ver su cola. Lo poco que quedaba se veía como pelo. Entonces el meteorito se dirigía en su dirección. Entonces explotó. Dos trozos incandescentes se habían separado, lanzados hacia delante. Se formaron como dos colmillos brillantes. Y entonces el cuerpo celeste había caído. Luego vio la cola del meteorito. Se había sumergido en el mar. El choque debió de ser poderoso porque el mar se agitó. La sacudida provocó un tsunami.

Los astrónomos chinos habían visto el mismo meteorito un poco antes hacia el sol poniente. Los aborígenes australianos describen su descenso muy al oeste de su continente. Los griegos siguieron su curso hacia el este. Athabasca, desde Alaska, también había descrito una luz seguida de una gran cola que se precipitaba en la noche, hacia el mar, y hacía temblar la tierra.

El 8 de agosto del a√Īo 3114 a.C., la tierra atraves√≥ la nube del cometa de las T√°uridas. La aparici√≥n de un meteorito es bastante probable que pase.

¬ŅUn meteorito?

El Diluvio resulta haber sido un evento clim√°tico puntual pero de gran magnitud. Un cataclismo que mat√≥ a muchas personas en todo el mundo. Con base en los testimonios, habr√≠a sido una megainundaci√≥n de agua salada. A esto se habr√≠an sumado unas olas gigantescas que recuerdan a un tsunami, un largo eclipse de sol, erupciones volc√°nicas, una tormenta que habr√≠a durado seis d√≠as y seis noches, ¬Ņy ahora un meteorito? No hay raz√≥n para cuestionar la sinceridad de los relatos recogidos, pero ¬Ņc√≥mo es posible que un mismo hecho clim√°tico haya tenido caracter√≠sticas tan dispares? ¬ŅC√≥mo podemos vincular esta diversidad de informaci√≥n a una √ļnica explicaci√≥n l√≥gica?

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Más información - El diluvio

Se calcula que hay unos 500 textos distintos, de tradición oral, que describen el Diluvio. Provienen de todos los continentes.

Durante siglos, los ‚Äúeruditos‚ÄĚ han educado su memoria. Un erudito del siglo XVI lo sab√≠a todo sobre todas las disciplinas cient√≠ficas y tambi√©n pod√≠a recitar, palabra por palabra, un texto tan largo como la Il√≠ada y la Odisea. Estas t√©cnicas de memorizaci√≥n y entrenamiento se olvidaron cuando la imprenta se impuso.

Las explosiones volc√°nicas proyectan gases en lo alto de la atm√≥sfera, pero tambi√©n cerca del volc√°n. De ellos, el azufre se combina con el agua (de lluvia) para formar √°cido sulf√ļrico. Estas gotas de lluvia queman la piel. Otros se combinan con los eyectos formando derivados del alquitr√°n.

Los indios de las Grandes Llanuras americanas dicen que sus antepasados llegaron desde el este, a trav√©s de las aguas, a lomos de una especie de tortuga gigante. Esta √ļltima podr√≠a haber sido una gran balsa catamar√°n como las que acababan de desarrollar los habitantes de Taiw√°n. El genoma de los amerindios lleva los genes de los denisovanos.

En 1955, al final de una impensable expedici√≥n, el franc√©s Navarra encontr√≥ una gigantesca embarcaci√≥n de madera bajo el hielo, donde la Biblia la sit√ļa, en el glaciar del monte Ararat. Se trajo un trozo de viga que fech√≥. Seg√ļn las t√©cnicas de la √©poca, se utiliz√≥ la dataci√≥n por carbono 14. Este no era el m√©todo correcto, ya que la llegada a la tierra de cuerpos extraterrestres distorsionaba obviamente la proporci√≥n de is√≥topos de carbono en el aire. Por lo tanto, la dataci√≥n por carbono era probablemente err√≥nea, pero dio un resultado: 4000 a.C. Esta dataci√≥n, corregida mediante tablas establecidas desde entonces, indic√≥ una fecha m√°s reciente: 3116 a.C. Algunos se preguntan ahora si el trozo de madera que trajo Navarra pertenec√≠a realmente a esta embarcaci√≥n, que nunca se ha vuelto a encontrar.

El llenado del mar Negro por el Mediterr√°neo, cuando se abri√≥ la falla del B√≥sforo, tuvo lugar en el 5600 a.C., 2500 a√Īos antes del Diluvio. Y sin embargo... ¬°imag√≠nese el equivalente a 200 cataratas del Ni√°gara una al lado de la otra, derramando 50000 millones de metros c√ļbicos de agua salada y oy√©ndose a 100 km de distancia! La potencia y el estruendo del evento debieron de impresionar a los lugare√Īos.


El meteorito

Los astrónomos egipcios, asirios y chinos ya habían identificado estrellas que, vistas desde el suelo, parecen moverse al mismo tiempo: las primeras constelaciones, cuyos movimientos guardaban en una herramienta inédita para compartir la memoria: la escritura.

La b√ļsqueda del meteorito en sus escritos revel√≥ otro argumento a√ļn m√°s sorprendente: el vuelco de la tierra.

¬ŅUna media vuelta?

En La Pol√≠tica, Arist√≥teles evoc√≥ la inversi√≥n del curso del Sol. Seg√ļn Her√≥doto, los sacerdotes egipcios informaban que sal√≠a varias veces por el oeste y se pon√≠a varias veces por el este.

Cuatro documentos egipcios tratan m√°s o menos de este punto de vista: una inscripci√≥n y tres papiros. En la tumba del arquitecto de la reina Hatshepsut, el este se dibujaba a la izquierda y el oeste a la derecha. El papiro m√°s largo encontrado en Egipto, el Papiro Harris, muestra que el fuego vino del cielo y que el cataclismo del agua le sigui√≥. Tambi√©n se√Īala que el sur se hab√≠a convertido en norte y que la tierra hab√≠a dado un vuelco. El Papiro Ipuwer dec√≠a que el mundo hab√≠a volcado y la tierra se hab√≠a puesto de cabeza. Por √ļltimo, el Papiro Hermitage afirmaba que el mundo se hab√≠a dado la vuelta. En realidad, todos ellos son coherentes con el argumento maya de que el cosmos hab√≠a cambiado despu√©s del Diluvio.

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